lunes, 8 de marzo de 2010

Mala Pata

Hoy, al medio día, la Anto y la Isi estaban jugando en la cocina. De pronto la Anto se subió a la mesa del diario y con la Isi, sentada a un lado, comenzaron a molestarse una a otra. En un momento, la Anto le lanzó a la Isi su mamadera de jugo en la cara, la Isi comenzó a molestarla nuevamente y comenzaron a descontrolarse las dos.

Rápidamente fui y saqué a la Antonia de la mesa, la tome de los brazos y la bajé al piso. Luego, bajé a la Isi también e intenté calmarlas a las dos.

En eso, nos fijamos que el llanto de la Anto era distinto al de otras veces. Intentamos calmarla y no hubo caso. Luego nos dimos cuenta que no podía/quería apoyar una patita así que la situación comenzó a ponerse más compleja. Entre las cuestionamientos míos y los de mi esposa, no pudimos entender qué es lo que había pasado. Después de un momento, me fui a urgencia con ella.

La espera en urgencia fue larga (como siempre) a pesar de ser una clínica privada y, el resultado, después de las radiografías fue categórico: fractura de peroné y tibia. Cuando el doctor me comunicó esto, casi me desmayé. Ya soy medio cobarde a las cosas relacionadas con la salud y el cuerpo humano, en especial la sangre, pero jamás me había sentido como me sentí en ese momento. Creo que estuve apunto de desmayarme de la impresión y de la culpa cuando el doctor me dió el diagnóstico.

Como resultado de esto, de ahí en adelante, todas las preguntas respecto a cómo habían ocurrido los hechos me hicieron sentirme en el banquillo de los acusados por maltrato infantil. Por suerte, en ese aspecto, mi consciencia estaba tranquila. Después de una nueva larga espera, la enyesaron y la hospitalizaron para descartar la formación de un hematoma o algo así como resultado de la lesión.

Por mientras, intentaré dejar de revivir segundo a segundo lo que pasó e intentar entender cómo fue el accidente.

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