Esta historia no me pasó a mí ni a nadie en mi familia, sin embargo, me la contaron y creo que se merece un espacio acá porque es muy similar a una que ya conté.
La cosa es que estaba un niño en su casa con la nana. Al despertar de la siesta, le grita a ella:
- ¡Nana, Nana! ¡Quiero jugo!
La Nana en un afán formador, absolutamente comprensible para mi, le preguntó:
- ¿Por? - y se quedó esperando la palabra mágica (para los que no la conocen, la palabra es "por favor").
Y el niñito le contestó:
- ¡Porque tengo sed!
Nuevamente, como lo he vivido con mi hija, una respuesta sin rodeos.
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