martes, 29 de mayo de 2012

El Veredicto

Habitualmente le leo a las niñas un cuento en las noches antes de irse a dormir. Hoyno fue la excepción. Rápidamente nos pusimos de acuerdo a quién le tocaba elegir y la Isi eligió un cuento de la biblioteca. Nos sentamos en la cama de la Anto, la Anto a mi izquierda y la Isi a mi derecha.

Comencé a leer el cuento y cuando iba en la página cuatro, la Isi me interrumpió:

- Papi... ¿Puedo leer yo?

- Si claro... sigue tú - le contesté de inmediato.

La Isi tomó el libro y se ubicó al medio y comenzó a leer. Contrario a lo que yo esperaba, leyó perfecto las palabras, no muy rápido, pero si las pudo pronunciar perfectamente. Claro, ninguna de las puntuaciones las reconoció y leyó todas las palabras sin parar. Cuando iba en la página ocho, miré a la Anto para ver que estaba haciendo. Ella estaba muy atenta escuchando el cuento cuando se dio cuenta que la estaba mirando. Haciendo el gesto correspondiente a una reflexión profunda, me miró y me dijo:

- Si que aprendió a leer...

Efectivamente, yo opinaba lo mismo, sin embargo, me sorprendió el juicio de la Anto. Lo único que le faltó fue agregar que no se estaban perdiendo las luquitas del colegio.

domingo, 27 de mayo de 2012

El Postre

Al igual que con la Isi, es una tarea permanente tratar de enseñarle modales, hábitos, etc., a la Anto. Cada oportunidad que se presenta para intentar reforzar esto es valiosa y hoy no fue la excepción.

Estábamos comiendo, la Anto terminó su comida y se paró para ir a jugar. Era la oportunidad perfecta para intentar enseñarle a pedir permiso antes de levantarse de la mesa.

- Oye... ¿Te falta algo? - le pregunté mientras pasaba a mi lado.

Se quedó pensando un momento mientras yo esperaba me contestara lo correcto.

- ¿El postre? - me contestó después.

Efectivamente le faltaba el postre pero no era precisamente lo que yo esperaba me respondiera... Obviamente, tendré que seguir intentándolo.

viernes, 25 de mayo de 2012

La Nota

Hoy fue un día invernal completo. Llovió e hizo mucho frío. En días como estos sólo dan ganas de hacer dos cosas:
  • No hacer nada y
  • Comer sopaipillas pasadas
Así que, como no hicimos nada y estuvimos todo el día en la casa, hicimos sopaipillas pasadas. Al medio día fui al supermercado a comprar ya que, obviamente, no estaba dispuesto a hacerles desde el principio.

Al final de la tarde, preparé la chancaca como me enseñó mi mamá y puse las sopaipillas a hervir un buen rato de manera que, después que las niñas cenaron, nos comimos las sopaipillas de postre.

Me quedaron bastante buenas en realidad. Remojadas, con harto sabor y aroma. A las niñas les encantan y a mi esposa también, así que nos comimos varias.

Cuando estábamos en eso, le pregunté a las niñas si les habían gustado a lo que, obviamente, me respondieron que si y, luego, le pregunté a la Isi:

- ¿Qué nota me pones por las sopaipillas?

Se quedó pensando un momento y luego me contestó:

- ¡Una nota de carita felíz!

Claro, no es un siete, pero estoy convencido que en su escala de notas, la carita felíz es lo más alto así que quedé completamente satisfecho.

lunes, 21 de mayo de 2012

El Sabor Favorito

Ayer fuimos a pasear fuera de Santiago. Cuando veníamos de regreso, le pregunté a las niñas si tenían ganas de comerse un helado. Aún cuando la pregunta era innecesaria, sirvió para focalizar la atención de las niñas y, de ahí en adelante, todo el viaje se vinieron hablando respecto a los helados, adónde íbamos a ir, etc.

Cuando la Isi y la Anto están en una dinámica como esa, comienzan a exponer sus ideas y, rápidamente, pasan del diálogo a la confrontación y la pelea. Cada una quiere exponer su punto de vista, hacer ver que tiene la razón, que su opción es mejor, etc. En este show estaban cuando, comenzó la discusión respecto a cuál era su sabor favorito.

La Anto dijo que la Frutilla, la Isi dijo que el de Cookies & Cream, la Anto dijo que el Chocolate, la Isi dijo que Pistacho, etc., una y otra vez. En eso estaban cuando la Anto quiso reforzar aún más su opción y le dijo a la Isi:

- Mi favor savorito es la Vainilla.... - se quedó pensando un momento y luego lo arregló - Osea, mi sabor favorito es la Vainilla...

La Isi no podía dejar pasar ese error... así que hasta ahí llegó la discusión. Un rato después, nos tomamos el helado y, como era de esperar, volvieron a enfrentar sus opciones una y otra vez.

domingo, 20 de mayo de 2012

El Metro

Hace unos días, un compañero de oficina me comentó de un producto que estaba a mitad de precio en Paris. El producto era un SoundBar de Philips (Modelo HTS3111). Algo así como un HomeTheater pero con la gracia de ser más simple de instalar. Obviamente, no suena igual pero me pareció que era una excelente oportunidad de comprar un producto así. En lo personal, lo que me detenía de comprar un HomeTheater tradicional era el enredo de instalar los cables y todo lo demás, cosa que este equipo no requiere.

La oferta era sólo válida en la tienda y no por Internet así que fuimos todos a la tienda del Alto Las Condes a intentar comprar el aparato. Llegamos y ya no quedaban. Estaban agotados. Le pregunté al vendedor si me podía averiguar si habían en otra tienda y lo hizo. Me contó que quedaban cinco en Alameda y, aún cuando yo hubiera querido ir inmediatamente, ya era muy tarde.

Al otro día, fuimos después de almuerzo a comprarlo a Paris Alameda. Como era fin de semana, no tuvimos problema en estacionarnos en Moneda e irnos caminando a la tienda. Yo no recuerdo haber ido nunca a esa tienda alguna vez, por lo que estaba medio perdido cuando llegamos. Mientras las niñas se enamoraban de unos set de perfumes de Tinker Bell y mi esposa de un reloj G-Shock, averigué dónde estaban los productos de sonido. Me indicaron que estaban en el subterráneo así que fuimos hacia allá.

La escalera para bajar al subterráneo era bien estrecha y, además, bien antigua. Pisos de cerámica con bordes de goma, medio desgastados y con la pintura de los pasamanos picada por todos lados. A pesar de ser domingo en la tarde, el lugar estaba lleno. Mientras nosotros bajábamos, muchas personas venían subiendo las escaleras por lo que la bajada se hizo medio complicada. En el descanso de la escalera la Anto preguntó:

- ¿Porqué vinimos al metro?

La comparación no podía ser mejor. Efectivamente, se parecía al metro en las horas peak. Por suerte, tal como nos había indicado el vendedor, ahí si quedaban productos en stock, por lo que pude comprarlo sin problemas y, como era temprano, pude llegar a la casa a instalarlo de inmediato y estrenarlo con una de mis películas favoritas: Top Gun. Valió la pena el esfuerzo... ¡Se escuchaba increíble!

El Dilema

Desde hace un tiempo a la fecha, los Helados se han convertido en uno de los vicios más grandes de la Anto. Siempre busca una excusa para ello y, por ejemplo, comienza a programar paseos, actividades, etc., y siempre los termina con la compra de un "helado de palito".

Hoy no fue la excepción. Terminando el almuerzo, nos propuso que se quería tomar uno de los helados que decubrió aún teníamos en el congelador. Mientras comíamos siguió insistiendo en esa opción y, poco antes de terminar de comer, y asumiendo que se lo daríamos reflexionó:

- ¿Me como el helado o veo tele o mejor me como el helado mientras veo tele?

Me alegra que sus preocupaciones y dilemas sean esos por ahora. Ya tendrá tiempo de preocuparse de cosas más complejas más adelante.

domingo, 13 de mayo de 2012

Zurda

Hoy fuimos al Mall a comprar unas cosas con las niñas y mi esposa. No teníamos un destino muy preciso. Yo quería comprar unas zapatillas y, además, queríamos ver si le comprábamos unas a las niñas también.

Mientras caminábamos por uno de los pasillos, nos topamos con la tienda de jabones Lush que, siempre, es como un imán para las niñas. Entramos a la tienda, entonces, a mirar los jabones un rato.

Las niñas comenzaron a escarbar, oler, mirar y tocar todos los jabones que encontraron a su paso hasta que descubrieron una crema que no habían visto antes. La persona que atendía, contrario a lo que yo hubiera esperado, se acercó a ellas y les ofreció una "prueba" del jabón. Las niñas accedieron y la siguieron a algo así como un lavamanos que estaba en otra parte de la tienda. No hay nada que le pueda gustar más a la Anto que lavarse las manos, así que estaba de lo más emocionada.

La vendedora les mojó las manos con agua y luego les pasó el jabón para que se lavaran las manos. Una a la vez, se fueron lavando las manos mientras la vendedora las ayudaba. En un momento, la vendedora agarró el jabón con la mano izquierda y comenzó a lavar las manos de la Isi. La Anto, que estaa mirando, le dijo a la vendedora:

- ¡Yo también soy Zurda!

La vendedora recibió su comentario con mucha ternura y siguió haciendo su trabajo. Yo, por mi lado, quedé sorprendido de que la Anto hubiera relacionado la mano de la niña mirándola de frente y, además, que se sintiera tan orgullosa de compartir su situación con ella.

sábado, 12 de mayo de 2012

Los Huevos

A pesar de ser Domingo, las niñas se levantan igual de temprano que en la semana. La primera que llega siempre es la Anto con un mensaje del tipo "Ya es de día" ó "Quiero desayuno". Cualquiera sea el mensaje, la conclusión es simple: hay que levantarse.

Así que me levanté a prepararles el desayuno. No quise complicarme la vida con Hot Cakes y/o Waffles, así que símplemente decidí hacerles unos huevos revueltos con jamón. La Anto, que habitualmente se queda pegada viendo tele, vino corriendo y me preguntó de inmediato si me podía ayudar a preparar el desayuno. Le dije que si y me ayudó a poner la mesa, los platos, los cubiertos, etc., y, en eso, se percató que yo ya tenía los huevos cerca del sartén. Me miró y me dijo:

- Papito... Yo te rompo los huevos ¿Ya?

A esa hora de la mañana, ya no era necesario que me ofreciera ayuda en eso...

viernes, 11 de mayo de 2012

Los Pica Piedra

Mi esposa le trajo a las niñas unas vitaminas de los Picapiedra de su viaje a Estados Unidos. Para ellas, los Picapiedra son totalmente desconocidos, obviamente,ver a los Picapiedra hoy es casi una acción de culto.

Para intentar romper con esta situación, les mostré unos videos de YouTube de los Picapiedra en mi teléfono. Me imagino que por ser algo completamente distinto, les llamó la atención de inmediato y, obviamente, quisieron ver más videos. Vimos varios: La Introducción, Pedro Surfista y otros capítulos especiales, etc., y, bueno, en algún momento me preguntaron cómo se llamaban los protagonistas y quién era quién. Encontré un dibujo en la red con los personajes principales y comencé a explicarles.

- Esta es Vilma... esta es Betty - dije mientras apuntaba el dibujo

La Anto, que estaba completamente concentrada en mi explicación, se adelantó y dijo:

- Ahh... Claro... ¡Y este es Pica y este Piedra!

Y aunque parecía coherente su comentario, le expliqué que los otros se llaman Pedro y Pablo. Como las vi tan interesadas, voy a buscar en Bazuca.com si encuentro un DVD de los Picapiedra para que puedan ver los caricaturas que yo veía cuando tenía su edad.

jueves, 10 de mayo de 2012

Cinturón Rosado

Desde hace algunas semanas la Anto está haciendo Kung Fu en su jardín. Este es un taller extra programático que realizan en la tarde. Además de ser entretenido, para ella es toda una experiencia porque es el único día que lleva almuerzo y almuerza con todos sus compañeritos para luego asistir a la clase. Ya me contó el otro día la directora que la Anto disfrutaba especialmente el almuerzo por la posibilidad de comer de la comida de los otros y/o símplemente realizar algún trueque. Por ejemplo, el otro día cambió un huevo duro por un par de nuggets.

El caso es que estábamos en el desayuno conversando respecto a su clase, cuando le comenté que yo había hecho Kung Fu hacía algunos.

- Anto... ¿Tú sabes que yo hice Kung Fu hace muchos años atrás? - le comenté mientras preparaba mi café.
- No... No sabía - me contestó ella mientras si comía su yoghurt.
- Si. Hice como tres años y al final llegué a cinturon verde.

Se quedó pensando un momento y luego me dijo:

- ¡Yo quiero un cinturón rosado!

martes, 8 de mayo de 2012

Pañuelos Mágicos

El otro día una compañera de trabajo llevó algunos productos chinos que importaba un amigo de ella. Como se imaginarán, los productos eran básicamente imitaciones, cosas raras, accesorios, gadgets, etc., de bajo precio y de no muy buena calidad. Dentro de todos los productos que revisé con ella, hubo uno que me llamó particularmente la atención. Era un blister de unas pastillas que al remojarlas en agua se convertían en algo así como unas toallitas húmedas. Increíble el producto. Obviamente, pensé que iba a ser algo muy interesante para la Isi y la Anto, así que le encargué me trajera dos blisters cuando pudiera.

Hoy me los trajo así que apenas llegué a la casa se los mostré a las niñas. Agarré una de las pastillas y se las mostré. Les pregunté qué creían que era a lo que me respondieron lo obvio: un remedio, una pastilla, un dulce, etc. Les dije que no y que les haría una magia. Conseguí un pocillo con un poco de agua, dije unas palabras mágicas inventadas y puse la pastilla en su interior. Dos segundos después, saqué una toallita húmeda y se las presté para que se limpiaran la cara y las manos. Las dos estaban impresionadas y sorprendidas de lo que acaban de ver. Me pidieron que lo hiciera una vez más, así que, para evitar realizar el show nuevamente y revelar mi secreto, les entregué los blisters a cada una para que se pudieran jugar. Se fueron imediatamente al baño a probar una y otra vez las pastillas.

Después de un rato, fui a mirar en qué estaban. La Anto, más desprendida, ya las había utilizado todas y las tenía sobre su cuerpo como si fueran unas vendas. La Isi, por el contrario, había utilizado dos y estaba cuidándo las otras dos que le quedaban. Cuando entré al baño, la Anto se estaba limpiando la cara. Me paré en la puerta y la miré mientras lo hacía, me dijo.

- ¿Verdad Papi que estos pañuelos cumplen tus sueños?

Los pañuelos efectivamente son mágicos pero, lamentablemente, no tanto.

sábado, 5 de mayo de 2012

El Regalo de Bienvenida

Hoy llegó mi esposa de Estados Unidos. La fuimos a buscar al aeropuerto al medio día con las niñas. Antes de salir, la Isi y la Anto le hicieron unos dibujos de tipo "bienvenida" con frases del tipo "te quiero mamá" y dibujos de ella, flores y naturaleza. Cada una se esforzó por hacer su dibujo lo mejor posible.

Una vez terminado, la Isi me preguntó que dónde lo escondíamos. Es una pequeña tradición que tenemos, la de esconder los regalos, para que la persona los encuentre en las situaciones más inesperadas y realmente sean una sorpresa. Esto le quedó grabajo a fuego a la Isi una vez que escondimos una BlackBerry que le regalé a mi esposa en el refrigerador. Esa si que fue una sorpresa. Realmente nos reimos mucho.


- Escóndelo en el closet - le dije.

A la Isi no le pareció muy atractivo, así que le indiqué una nueva idea:

- Escóndelo debajo de la almohada de la mamá - le dije nuevamente.

La Anto que estaba muy cerca exclamó de inmediato:

- ¡Si, Como los dientes!

Obviamente se refería a la experiencia de esconder los dientes para el Ratón Pérez como lo hizo la Isi hace algunas semanas atrás.

viernes, 4 de mayo de 2012

El Robot

Mi esposa anda de viaje en Estados Unidos por unos días. Contrario a lo que uno esperaría, hemos hablado varias veces por Skype y la calidad de la comunicación no ha sido de lo mejor. Según ella, se debe a que los lugares en los que se ha conectado están súper saturados. Adicionalmente, y muy contrario al estándar de hoy en día, el hotel en el que se quedó no tenía internet gratis, así que, no había muchas alternativas.

Ayer, mientras hablábamos a duras penas, mi esposa me dijo que quería habla con las niñas. La primera en hablar fue la Anto y luego la Isi. La Anto, como siempre, redujo su conversación a puros "te amo", "te adoro", besos y abrazos.

La Isi, en cambio, intentó mantener una conversación con mi esposa, sin embargo, justo en ese momento la calidad de la comunicación empeoró notablemente y se comenzó a escuchar entrecortado. En paralelo, la imágen también bajó su calidad. Por unos minutos, el diálogo no fue para nada fluído. La Isi, ignorante del fenómeno, intentó hablar una y otra vez, repitiendo lo que había dicho recién más de una vez intentando compensar los retrasos (delays). Después de un rato, perdió la paciencia y le dijo a mi esposa:

- ¡Pero porqué me hablas así! ¡Pareces un Robot!

A esa altura, la comunicación se había perdido por completo, así que no se si mi esposa alcanzó a escuchar la afirmación. Muy habitual en ella, me pasó el teléfono y siguió jugando con la Anto.