Desde hace algunos años, hemos tenido la suerte que las niñas han estado muy sanas. En el invierno se han resfriado, como todos los niños, pero fuera de eso, no han tenido mayores inconvenientes lo cual es un éxito comparado con cómo se enfermaba la Isi cuando era más chiquita. Por esta misma razón, hace ya varios meses que no llevábamos a las niñas al Control Sano con su pediatra y, hoy, fue el gran día.
Mi esposa las llevó a la hora de almuerzo porque fue la única posibilidad que consiguió con la pediatra antes de que se fuera de vacaciones. Llevó a la Anto y a la Isi juntas obviamente aprovechando, además, que están de vacaciones lo que facilita mucho más los temas de los horarios y demases.
La pediatra es muy dedicada en su consulta y las revisó por completo. Primero a la Isi y después a la Anto. Una de nuestras preocupaciones era el tema de la relación talla/peso por que, obviamente, queremos tomar las precauciones que sean necesarias para no exponerlas a problemas de obesidad y/o similares. En general, en la casa comen sano y balanceado pero siempre es mejor que esto lo corrobore alguien que entiende del tema.
El resultado del examen y de la evaluación fue perfecto. Al final la Isi estaba con una relación del 106% y la Anto con una relación del 100%. Excelentes noticias.
Pero, además de esta situación, lo más simpático fue cuando la doctora comenzó a evaluar a la Anto y la Isi le dijo:
- ¿Después me puedes examinar a mi de nuevo?
A mi se me había olvidado eso pero, desde siempre, la Isi ha disfrutado el examen de la pediatra y siempre se ha portado bien mientras ella la examinaba.
martes, 31 de enero de 2012
Eutrofia Total
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sábado, 28 de enero de 2012
Las Dos Manos
Hoy la Isi y la Anto me acompañaron a comprar un helado a la esquina. Este plan les encanta porque, además de comerse un helado, les permite algunas veces jugar en la plaza que está al frente. Hoy, precisamente, fue unos de esos días en que se nos hizo tarde y, por tal razón, no pudimos cruzar así que regresamos a la casa apenas terminaron el helado.
Poquito antes de llegar a la casa, hay que cruzar una calle. Obviamente, trato todas las veces de enseñarles en qué fijarse, qué escuchar, qué mirar, etc. para evaluar si pueden o no cruzar. Esta vez no fue distinto y, además, le pedí a la Anto que le diera una mano a la Isi. Con esta instrucción, la Isi cambia de inmediato su comportamiento al modo "protector". En este modo, ella toma el control e intenta enseñarle a la Anto las mismas cosas que yo habría hecho con ella. Con esto en mente, la Isi le dijo a la Anto:
- Anto... dame la mano. Sólo una mano.
La Anto se quedó mirando a la Isi y le contestó:
- ¿Pero si tengo dos?
Poquito antes de llegar a la casa, hay que cruzar una calle. Obviamente, trato todas las veces de enseñarles en qué fijarse, qué escuchar, qué mirar, etc. para evaluar si pueden o no cruzar. Esta vez no fue distinto y, además, le pedí a la Anto que le diera una mano a la Isi. Con esta instrucción, la Isi cambia de inmediato su comportamiento al modo "protector". En este modo, ella toma el control e intenta enseñarle a la Anto las mismas cosas que yo habría hecho con ella. Con esto en mente, la Isi le dijo a la Anto:
- Anto... dame la mano. Sólo una mano.
La Anto se quedó mirando a la Isi y le contestó:
- ¿Pero si tengo dos?
lunes, 23 de enero de 2012
El Ciempiés
Ayer compré para mi iPhone un juego de lentes que permiten mejorar las capacidades de la cámara. El juego trae dos lentes. El primero es un lente de tipo "Macro" que permite tomar fotos de objetos desde muy cerca. Es algo así como un lente de microscopio. El segundo es un lente tipo "Ojo de Pescado" que aumenta el ángulo de visión de la cámara, ideal para tomar fotos en espacios reducidos.
Hoy en la mañana se lo mostré a la Isi y a la Anto en el desayuno. Les tomé una foto a ellas con el gran angular y, luego, le tomé una foto a la concha de un caracol que había recogido la Isi el día anterior en la calle. Cuando se las mostré en el teléfono y le hice el zoom, quedaron realmente impresionadas. Casi tanto como yo.
Con la idea de invitarlas a descubrir nuevas cosas con el teléfono, les comenté:
- Niñas... con esto... ahora tenemos que sacarle fotos a las lombrices, plantas, moscas y hormigas... para que puedan verlas desde cerca y puedan ver cuántos ojos, dientes y pelos tienen.
Inmediatamente mostraron su alegría y felicidad del plan y comenzaron a opinar y sugerir nuevas fotos y tomas que podíamos hacer hasta que la Isi sugirió:
- Papito ¡Si!, ¡Y tenemos que tomarle una foto a un ciempiés, para ver cuántos pies tiene y sepamos si nos ha engañado o no!
Honestamente, no se si va a ser más complejo encontrar el ciempiés o contarle los pies cuando lo encontremos.
Hoy en la mañana se lo mostré a la Isi y a la Anto en el desayuno. Les tomé una foto a ellas con el gran angular y, luego, le tomé una foto a la concha de un caracol que había recogido la Isi el día anterior en la calle. Cuando se las mostré en el teléfono y le hice el zoom, quedaron realmente impresionadas. Casi tanto como yo.
Con la idea de invitarlas a descubrir nuevas cosas con el teléfono, les comenté:
- Niñas... con esto... ahora tenemos que sacarle fotos a las lombrices, plantas, moscas y hormigas... para que puedan verlas desde cerca y puedan ver cuántos ojos, dientes y pelos tienen.
Inmediatamente mostraron su alegría y felicidad del plan y comenzaron a opinar y sugerir nuevas fotos y tomas que podíamos hacer hasta que la Isi sugirió:
- Papito ¡Si!, ¡Y tenemos que tomarle una foto a un ciempiés, para ver cuántos pies tiene y sepamos si nos ha engañado o no!
Honestamente, no se si va a ser más complejo encontrar el ciempiés o contarle los pies cuando lo encontremos.
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domingo, 22 de enero de 2012
Las Uñas
No tenemos muy claro porque pero la Anto ha comenzado a cortarse y escarbarse las uñas de las manos y de los pies. En términos simples, el problema es que no se las deja crecer. Le carga que se vea la parte blanca y permanentemente nos está diciendo que las tiene largas.
Si bien es cierto, nos habíamos percatado levemente de esto, ahora la cosa se está poniendo un poco más compleja. A mi, en lo personal, me preocupa mucho que vaya a dejarse las uñas tan cortas que los dedos se le pongan como "bola". Hasta el momento no la hemos visto "comérselas" pero, para mi, el problema es similar.
Estamos comenzando a observarla con más atención para lograr determinar qué es lo que la podría estar poniendo nerviosa y/o ansiosa como para hacer esto.
Si bien es cierto, nos habíamos percatado levemente de esto, ahora la cosa se está poniendo un poco más compleja. A mi, en lo personal, me preocupa mucho que vaya a dejarse las uñas tan cortas que los dedos se le pongan como "bola". Hasta el momento no la hemos visto "comérselas" pero, para mi, el problema es similar.
Estamos comenzando a observarla con más atención para lograr determinar qué es lo que la podría estar poniendo nerviosa y/o ansiosa como para hacer esto.
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lunes, 16 de enero de 2012
Las Monedas
Hoy, al momento de acostar a la Isi, le pregunté si se había dado cuenta de que el gato que había pintado en México (amiguito) estaba en la repisa de su cama. Me contestó afirmativamente mientras se acomodaba y, después agregó:
- Pero... ¡sólo tengo tres monedas!
Como amiguito es una alcancía y cualquier momento es bueno para intentar enviar mensajes formativos, le contesté:
- Bueno, tienes que ganártelas...
Pensando que con eso había logrado mi objetivo, no estaba preparado para su respuesta:
- ¿Pero cómo? ¿Si no me dejan salir? Si pudiera salir, conseguiría monedas... lavaría los vidrios, pasaría la aspiradora...
Yo en realidad me refería a que se comprometiera con algunas tareas en la casa a cambio de algunas monedas, por ejemplo, darle de comer a los gatos pero, creo, vamos a tener que reforzar el concepto porque creo que faltan varios años para que pueda salir sola a ganárselas.
- Pero... ¡sólo tengo tres monedas!
Como amiguito es una alcancía y cualquier momento es bueno para intentar enviar mensajes formativos, le contesté:
- Bueno, tienes que ganártelas...
Pensando que con eso había logrado mi objetivo, no estaba preparado para su respuesta:
- ¿Pero cómo? ¿Si no me dejan salir? Si pudiera salir, conseguiría monedas... lavaría los vidrios, pasaría la aspiradora...
Yo en realidad me refería a que se comprometiera con algunas tareas en la casa a cambio de algunas monedas, por ejemplo, darle de comer a los gatos pero, creo, vamos a tener que reforzar el concepto porque creo que faltan varios años para que pueda salir sola a ganárselas.
domingo, 15 de enero de 2012
Los Patines
El año pasado iniciamos los esfuerzos para que la Isi se dejara de chupar el dedo. Por ignorancia dejamos que se chupara el dedo cuando era más niña y no dimensionamos lo complejo que iba a ser el proceso de quitarle este hábito. Iniciamos el proceso intentando explicarle las razones por las cuales debía dejar de chupárselo, pero no dio resultado. Luego, comenzamos con algunos mecanismos físicos para que no se chupara el dedo en la noche (vendas, parches curitas, etc.). Tampoco dieron resultado. Luego, fuimos a nuestro dentista quien nos convenció de ponerle algo así como un frenillo en el paladar que impedía que el dedo tomara contacto con él. Tampoco resultó. Honestamente, yo pensé que iba a ser una derrota después de todas las cosas que habíamos intentado y, por otro lado, sabía que debíamos seguir hasta lograrlo por el bien de su desarrollo emocional y sus dientes.
Después de haber intentado todas las cosas anteriores, decidimos continuar el proceso sólo con unos parches curitas en los dos dedos todas las noches. Obviamente, al principio no fue fácil, pero, después de unos dos meses, había una luz de esperanza al final del túnel. Ya en las noches, la misma Isi nos permitía ponerle los parches sin hacer ningún tipo de problema al respecto y, además, se quedaba dormida perfectamente. Este proceso continuó unos meses más hasta que ella misma comenzó a exigirnos dormir sin parches. Así que así lo hicimos.
En general las cosas caminaron bien sin los parches, sin embargo, algunas noches parece que no lograba controlarse y se chupaba el dedo igual. Así que, un día decidí ponerle un premio si lograba mantener su conducta como lo hacía con los parches. El premio consistía en unos patines, cosa que ella hacía ya varios meses que nos venía pidiendo. La idea obviamente le pareció difícil en un principio y tuvo sus ataques de inseguridad, indicándonos que creía nunca lograría dejar de chuparse el dedo. Por suerte, las cosas si funcionaron y, antes de irnos de vacaciones, le indicamos que se había ganado sus patines.
Obviamente en México no era el lugar ni el momento para comprárselos, razón por la que, apenas regresamos a Chile ella comenzó a exigirnos su premio y, bueno, hoy fue el gran día en que fuimos a comprar los patines.
La cosa no comenzó muy bien. A estas alturas, todas las tiendas ya están pensando en el regreso a clases (Uffff!!!!!) y, por lo tanto, la oferta de todos aquellos regalos de navidad típicos (patines incluidos) es casi cero. Así que comenzamos a recorrer varias tiendas del Parque Arauco buscando alguna alternativa. Encontramos algunos "restos" de patines en algunas tiendas y en otras, sencillamente ya no les quedaba nada para la talla de ella. Después de recorrer todas las tiendas, volvimos a una en la que habíamos encontrado los patines más adecuados.
Los patines estaban en amontonados en cajas. Cada caja indicaba afuera el color (Azul o Rosado) y la talla (S, M y L). Gracias a una leyenda en la caja de los patines pude determinar que la talla que necesitaba la Isi era M. Así que busqué unos patines M que estuvieran en una caja relativamente decente y se los probé. Se los puso en cada pie y, como era de esperar, quiso patinar de inmediato. Aún cuando no sabe patinar, no había mucho peligro y pudo pasarse de un asiento a otro (1 metro de distancia aprox.) a una velocidad máxima de 1m/hora más o menos. Al hacer esto, más fue su alegría al darse cuenta que las ruedas tenían luces similares a las zapatillas, es decir, que se prenden con el movimiento.
Hasta ese momento la situación era casi perfecta. Pese a la temporada, habíamos encontrado patines y, además, tenían luces. El único problema era que los patines eran azules. A la Isi no le importó mucho así que, si no encontrábamos "otros", esos eran nuestra opción. Sin mucho ánimo, comencé a revisar todas las cajas de patines nuevamente para ver si encontraba unos de mujer. Ya estaba perdiendo la esperanza cuando, sin creerlo mucho, encontré una caja que estaba marcada con color rosado. La caja estaba bien maltratada por lo que, me preocupó que la caja fuera estar incompleta o algo así. Le mostré a la Isi lo que había encontrado y estaba aún más felíz. Le probé los patines y le quedaron perfectos (tienen la gracia que se pueden agrandar o achicar según corresponda) así que fuimos a pagarlos. El vendedor los revisó muy prolijamente, probablemente con la misma preocupación que yo, y luego nos confirmó que estaba completos y que nos los podía vender. Le entregué mi tarjeta y procedimos al pago. Un rato después, nos fuimos con los patines en una bolsa de regreso a la casa.
Ahora tengo la compleja tarea de enseñarle a patinar. Creo que lo mejor que puedo hacer es desempolvar mis patines y patinar con ella.
Después de haber intentado todas las cosas anteriores, decidimos continuar el proceso sólo con unos parches curitas en los dos dedos todas las noches. Obviamente, al principio no fue fácil, pero, después de unos dos meses, había una luz de esperanza al final del túnel. Ya en las noches, la misma Isi nos permitía ponerle los parches sin hacer ningún tipo de problema al respecto y, además, se quedaba dormida perfectamente. Este proceso continuó unos meses más hasta que ella misma comenzó a exigirnos dormir sin parches. Así que así lo hicimos.
En general las cosas caminaron bien sin los parches, sin embargo, algunas noches parece que no lograba controlarse y se chupaba el dedo igual. Así que, un día decidí ponerle un premio si lograba mantener su conducta como lo hacía con los parches. El premio consistía en unos patines, cosa que ella hacía ya varios meses que nos venía pidiendo. La idea obviamente le pareció difícil en un principio y tuvo sus ataques de inseguridad, indicándonos que creía nunca lograría dejar de chuparse el dedo. Por suerte, las cosas si funcionaron y, antes de irnos de vacaciones, le indicamos que se había ganado sus patines.
Obviamente en México no era el lugar ni el momento para comprárselos, razón por la que, apenas regresamos a Chile ella comenzó a exigirnos su premio y, bueno, hoy fue el gran día en que fuimos a comprar los patines.
La cosa no comenzó muy bien. A estas alturas, todas las tiendas ya están pensando en el regreso a clases (Uffff!!!!!) y, por lo tanto, la oferta de todos aquellos regalos de navidad típicos (patines incluidos) es casi cero. Así que comenzamos a recorrer varias tiendas del Parque Arauco buscando alguna alternativa. Encontramos algunos "restos" de patines en algunas tiendas y en otras, sencillamente ya no les quedaba nada para la talla de ella. Después de recorrer todas las tiendas, volvimos a una en la que habíamos encontrado los patines más adecuados.
Los patines estaban en amontonados en cajas. Cada caja indicaba afuera el color (Azul o Rosado) y la talla (S, M y L). Gracias a una leyenda en la caja de los patines pude determinar que la talla que necesitaba la Isi era M. Así que busqué unos patines M que estuvieran en una caja relativamente decente y se los probé. Se los puso en cada pie y, como era de esperar, quiso patinar de inmediato. Aún cuando no sabe patinar, no había mucho peligro y pudo pasarse de un asiento a otro (1 metro de distancia aprox.) a una velocidad máxima de 1m/hora más o menos. Al hacer esto, más fue su alegría al darse cuenta que las ruedas tenían luces similares a las zapatillas, es decir, que se prenden con el movimiento.
Hasta ese momento la situación era casi perfecta. Pese a la temporada, habíamos encontrado patines y, además, tenían luces. El único problema era que los patines eran azules. A la Isi no le importó mucho así que, si no encontrábamos "otros", esos eran nuestra opción. Sin mucho ánimo, comencé a revisar todas las cajas de patines nuevamente para ver si encontraba unos de mujer. Ya estaba perdiendo la esperanza cuando, sin creerlo mucho, encontré una caja que estaba marcada con color rosado. La caja estaba bien maltratada por lo que, me preocupó que la caja fuera estar incompleta o algo así. Le mostré a la Isi lo que había encontrado y estaba aún más felíz. Le probé los patines y le quedaron perfectos (tienen la gracia que se pueden agrandar o achicar según corresponda) así que fuimos a pagarlos. El vendedor los revisó muy prolijamente, probablemente con la misma preocupación que yo, y luego nos confirmó que estaba completos y que nos los podía vender. Le entregué mi tarjeta y procedimos al pago. Un rato después, nos fuimos con los patines en una bolsa de regreso a la casa.
Ahora tengo la compleja tarea de enseñarle a patinar. Creo que lo mejor que puedo hacer es desempolvar mis patines y patinar con ella.
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lunes, 9 de enero de 2012
El Control Remoto del Avión
Hoy regresamos a Chile en avión vía Lima. Como suele suceder en estas situaciones, el regreso siempre es más aburrido por las despedidas y por la incertidumbre de cuándo nos volveremos a ver. Esta vez no fue la excepción.
El avión partió puntual y rápidamente, aún cuando partió de día, todos nos quedamos dormidos. El vuelo a Lima tenía una duración de cinco horas y, creo, seguramente dormimos como unas cuatro. Cuando despertamos, jugamos un rato al iPad, a los juegos de la consola de cada asiento, etc., esperando el momento de llegar a Lima.
Cuando faltaban como unos treinta minutos para llegar, el piloto nos avisó que debido a problemas de neblina en Lima, habían cerrado el aeropuerto y que los aviones estaban siendo desviados hacia otras ciudades. Obviamente, nos preocupamos porque teníamos la escala Lima-Santiago coordinada con sólo algunas horas de diferencia respecto a la llegada del vuelo en el que íbamos.
El desvío del avión fue hacia una ciudad que se llama Chiclayo ubicada al norte de Perú y a la cual llegamos una hora después. El avión aterrizó y nos indicaron que estaríamos detenidos hasta nuevo aviso adentro del avión. Adicionalmente, una de la azafatas nos indicó que si no despegábamos dentro de una hora, ya no podríamos despegar hacia Lima porque el aeropuerto lo cerraban y deberiamos pasar la noche en Chiclayo. Las cosas no pintaban nada de bien.
Durante un momento la situación estuvo relativamente calmada, pero, obviamente después de un rato las niñas comenzaron a impacientarse (al igual que muchos otros pasajeros). En la desesperación, por suerte, el sistema de entretención de cada asiento lo prendieron y las niñas pudieron jugar un rato.
La Anto se puso a jugar con su sistema de entretención y me pidió le pusiera un juego. Así lo hice y comenzó a jugar un juego de Disney de memoria. Yo creo que lo eligió porque es igual a uno que tengo para el iPhone.
Estaba jugando con el control en la mando cuando se percató del botón que tiene un avión pintado. Lo miró y después de un rato me dijo:
- Papi... ¿este botón es para manejar el avión?
Aunque yo sabía que el botón tenía otro uso, fantasié con la posibilidad de que fuera así antes de contestar su pregunta.
El avión partió puntual y rápidamente, aún cuando partió de día, todos nos quedamos dormidos. El vuelo a Lima tenía una duración de cinco horas y, creo, seguramente dormimos como unas cuatro. Cuando despertamos, jugamos un rato al iPad, a los juegos de la consola de cada asiento, etc., esperando el momento de llegar a Lima.
Cuando faltaban como unos treinta minutos para llegar, el piloto nos avisó que debido a problemas de neblina en Lima, habían cerrado el aeropuerto y que los aviones estaban siendo desviados hacia otras ciudades. Obviamente, nos preocupamos porque teníamos la escala Lima-Santiago coordinada con sólo algunas horas de diferencia respecto a la llegada del vuelo en el que íbamos.
El desvío del avión fue hacia una ciudad que se llama Chiclayo ubicada al norte de Perú y a la cual llegamos una hora después. El avión aterrizó y nos indicaron que estaríamos detenidos hasta nuevo aviso adentro del avión. Adicionalmente, una de la azafatas nos indicó que si no despegábamos dentro de una hora, ya no podríamos despegar hacia Lima porque el aeropuerto lo cerraban y deberiamos pasar la noche en Chiclayo. Las cosas no pintaban nada de bien.
Durante un momento la situación estuvo relativamente calmada, pero, obviamente después de un rato las niñas comenzaron a impacientarse (al igual que muchos otros pasajeros). En la desesperación, por suerte, el sistema de entretención de cada asiento lo prendieron y las niñas pudieron jugar un rato.
La Anto se puso a jugar con su sistema de entretención y me pidió le pusiera un juego. Así lo hice y comenzó a jugar un juego de Disney de memoria. Yo creo que lo eligió porque es igual a uno que tengo para el iPhone.
Estaba jugando con el control en la mando cuando se percató del botón que tiene un avión pintado. Lo miró y después de un rato me dijo:
- Papi... ¿este botón es para manejar el avión?
Aunque yo sabía que el botón tenía otro uso, fantasié con la posibilidad de que fuera así antes de contestar su pregunta.
jueves, 5 de enero de 2012
Armarlo o Desarmarlo
Hoy nos tocó regresar a Ciudad de México en bus. La venida hacia la playa la hicimos en un bus no muy bueno por lo que se hizo un poco pesada y, por lo tanto, para no repetir el error, el regreso lo compramos en un bus mejor. La oferta de buses era variada y, al final, compramos un bus cama. Era el pasaje más caro pero como no teníamos parámetros, fue nuestra única opción.
A las 22:00 se suponía que el bus salía del terminal y, por lo tanto, llegamos cerca de esa hora y nos quedamos esperando afuera. Al final, el bus llegó a las 22:45. La Anto ya estaba durmiendo sobre las maletas a esa altura y los zancudos estaban comenzando a hacer un festín con nosotros.
Abrieron las puertas del bus y mi esposa se subió con las niñas mientras yo cargaba las maletas. Al subirme, grande fue la sorpresa al ver la distribución del bus y darme cuenta que efectivamente era un bus cama. Los asientos eran anchos (3 asientos por fila) y se reclinaban casi completamente. Esto obviamente me puso muy felíz al igual que a mi esposa. La Anto ya estaba dormida en su asiento reclinado al 100%. La Isi se sentó conmigo. Además de esto, el bus tenía pantallas individuales en cada asiento como las de los aviones.
En la pantalla se podía elegir una película, juegos y/o música. La estuvimos escarbando un rato y, después, nos quedamos dormidos. Por suerte dormimos casi todo el camino y las niñas sólo despertaron como a las 07:00, cuando faltaban unas dos horas para llegar a Ciudad de México.
Cuando la Isi despertó, me pidió jugar a algunos de los juegos de su pantalla. Así lo hicimos un rato pero, honestamente, ninguno de los juevos valía la pena salvo un puzzle de esos que tienen un número determinado de piezas y les falta una. El puzzle daba a elegir la opción del número de piezas y, por lo tanto, partimos por el menor número disponible, es decir, 16.
El puzzle apareció desarmado y le enseñé a la Isi los movimientos básicos para que ella intentara armarlo. Lo hizo un momento y después me pidió ayuda. La ayudé y, según yo, me enfoqué en armar las primeras dos filas del puzzle. Sin darme cuenta, lo armé corrido una fila hacia arriba. La Isi se dio cuenta de esto y me dijo que debíamos correrlo hacia abajo. Para ella una operación trivial, sin embargo, dada la restricción del puzzle no era tan simple. Comencé a mover las piezas para intentar bajar el puzzle. Después de un momento, la Isi me preguntó:
- Papi... ¿Qué haces?
- Estoy tratando de mover el puzzle una fila para armarlo - le contesté.
La Isi se quedó mirando un momento lo que yo estaba haciendo y me dijo:
- Osea desarmarlo...
Efectivamente, a esas alturas, lo único que hacía sentido es que estaba desarmando el puzzle.
A las 22:00 se suponía que el bus salía del terminal y, por lo tanto, llegamos cerca de esa hora y nos quedamos esperando afuera. Al final, el bus llegó a las 22:45. La Anto ya estaba durmiendo sobre las maletas a esa altura y los zancudos estaban comenzando a hacer un festín con nosotros.
Abrieron las puertas del bus y mi esposa se subió con las niñas mientras yo cargaba las maletas. Al subirme, grande fue la sorpresa al ver la distribución del bus y darme cuenta que efectivamente era un bus cama. Los asientos eran anchos (3 asientos por fila) y se reclinaban casi completamente. Esto obviamente me puso muy felíz al igual que a mi esposa. La Anto ya estaba dormida en su asiento reclinado al 100%. La Isi se sentó conmigo. Además de esto, el bus tenía pantallas individuales en cada asiento como las de los aviones.
En la pantalla se podía elegir una película, juegos y/o música. La estuvimos escarbando un rato y, después, nos quedamos dormidos. Por suerte dormimos casi todo el camino y las niñas sólo despertaron como a las 07:00, cuando faltaban unas dos horas para llegar a Ciudad de México.
Cuando la Isi despertó, me pidió jugar a algunos de los juegos de su pantalla. Así lo hicimos un rato pero, honestamente, ninguno de los juevos valía la pena salvo un puzzle de esos que tienen un número determinado de piezas y les falta una. El puzzle daba a elegir la opción del número de piezas y, por lo tanto, partimos por el menor número disponible, es decir, 16.
El puzzle apareció desarmado y le enseñé a la Isi los movimientos básicos para que ella intentara armarlo. Lo hizo un momento y después me pidió ayuda. La ayudé y, según yo, me enfoqué en armar las primeras dos filas del puzzle. Sin darme cuenta, lo armé corrido una fila hacia arriba. La Isi se dio cuenta de esto y me dijo que debíamos correrlo hacia abajo. Para ella una operación trivial, sin embargo, dada la restricción del puzzle no era tan simple. Comencé a mover las piezas para intentar bajar el puzzle. Después de un momento, la Isi me preguntó:
- Papi... ¿Qué haces?
- Estoy tratando de mover el puzzle una fila para armarlo - le contesté.
La Isi se quedó mirando un momento lo que yo estaba haciendo y me dijo:
- Osea desarmarlo...
Efectivamente, a esas alturas, lo único que hacía sentido es que estaba desarmando el puzzle.
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miércoles, 4 de enero de 2012
Andrés
En el hotel hay muchas actividades para hacer. Para los niños hay un club-house, con monitores, actividades y todo lo demás. Para los grandes, hay concursos y campeonatos, organizados por el team de animación. En definitiva hay entretenciones para todos.
Hoy estábamos tomando sol y ya habíamos terminado de hacer el castillo de arena del día. La Anto estaba feliz con un balde jugando y la Isi ya se había cansado de cazar pulguitas de mar. Así que me fue a buscar y me dijo:
- Papi... quiero jugar Andrés.
- ¿Andrés? ¿Qué es eso? - le pregunté.
La Isi trató de explicarme una y otra vez pero no logré entender nada de qué me estaba hablando así que se desesperó y me pidió la acompañara a ver el juego. No tenía nada más importante que hacer, así que la seguí para que me mostrara de qué estaba hablando. Subimos por las escaleras, pasamos por al medio de las piscinas y enfilamos hacia donde están las mesas de ping-pong. Yo, hasta ahí, seguía sin entender de qué juego me estaba hablando. Seguimos caminando hasta que se detuvo frente al Ajedrez gigante que está a la salida del Lobby. Me miró y me dijo:
- ¿Ves? Este es el juego que quiero jugar.... Andrés.
Más que concentrarme en tratar de explicarle cómo se llamaba el juego, me concentré en tratar de explicarle que las reglas eran un poco complejas y que no tenía edad aún para jugar. Le costó entenderlo pero, al final, aceptó.
Hoy estábamos tomando sol y ya habíamos terminado de hacer el castillo de arena del día. La Anto estaba feliz con un balde jugando y la Isi ya se había cansado de cazar pulguitas de mar. Así que me fue a buscar y me dijo:
- Papi... quiero jugar Andrés.
- ¿Andrés? ¿Qué es eso? - le pregunté.
La Isi trató de explicarme una y otra vez pero no logré entender nada de qué me estaba hablando así que se desesperó y me pidió la acompañara a ver el juego. No tenía nada más importante que hacer, así que la seguí para que me mostrara de qué estaba hablando. Subimos por las escaleras, pasamos por al medio de las piscinas y enfilamos hacia donde están las mesas de ping-pong. Yo, hasta ahí, seguía sin entender de qué juego me estaba hablando. Seguimos caminando hasta que se detuvo frente al Ajedrez gigante que está a la salida del Lobby. Me miró y me dijo:
- ¿Ves? Este es el juego que quiero jugar.... Andrés.
Más que concentrarme en tratar de explicarle cómo se llamaba el juego, me concentré en tratar de explicarle que las reglas eran un poco complejas y que no tenía edad aún para jugar. Le costó entenderlo pero, al final, aceptó.
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martes, 3 de enero de 2012
La Canica
Ya llevamos varios días acá de vacaciones. Las niñas lo han pasado increíble y nosotros también. Además de la comida y todas esas gracias del All-Inclusive, estar con mi hermana, su esposo y mis sobrinos ha sido muy especial. Hacía algunos años que no nos veíamos y nada mejor que vernos en estas condiciones.
En el hotel, como es habitual, hay mil y un tragos para elegir. Lo mismo con la comida. Los típicos son, obviamente, el Tequila Margarita, la Piña Colada (con o sin alcohol), el Banana Daiquiri y, por último, el que más me gusta a mí, el Alfonso XVIII. Para las niñas, lo habitual es pedirles alguna bebida y/o limonada, sin embargo, hoy mi esposa fue con la Anto a buscar las bebidas y las cosas se dieron de otra manera. Cuando llegaron, mi esposa le preguntó a la Anto qué quería tomar.
- Una Canica... ese es mi trago favorito... una canica.. ¡mami porfis!
Mi esposa no entendió nada y, más aún, dudó completamente de lo que la Anto estaba pidiendo. Cuando fue el turno de ellas, le pidió una limonada y, además, le preguntó si tenía un trago que se llamaba Canica. A esas alturas, la Anto insistía una y otra vez en que ese era su trago "favorito".
El Barman le indicó que si existía el trago y fue a buscarlo. Un momento después, llegó con la limonada de mi esposa y la canica de la Anto. Mi esposa, antes de entregarle el trago a la Anto, confirmó con el Barman si tenía alcohol o no. El Barman le indicó que no y le destacó que, en realidad, la Canica era un trago para niños. Y, efectivamente, era un trago para niños: Limonada con Granadina. Así de simple.
Honestamente, nunca habíamos pedido ese trago ni sabíamos que existía, por lo que será un misterio descubrir cómo fue que la Anto decidió que esa iba a ser su trago favorito de las vacaciones.
En el hotel, como es habitual, hay mil y un tragos para elegir. Lo mismo con la comida. Los típicos son, obviamente, el Tequila Margarita, la Piña Colada (con o sin alcohol), el Banana Daiquiri y, por último, el que más me gusta a mí, el Alfonso XVIII. Para las niñas, lo habitual es pedirles alguna bebida y/o limonada, sin embargo, hoy mi esposa fue con la Anto a buscar las bebidas y las cosas se dieron de otra manera. Cuando llegaron, mi esposa le preguntó a la Anto qué quería tomar.
- Una Canica... ese es mi trago favorito... una canica.. ¡mami porfis!
Mi esposa no entendió nada y, más aún, dudó completamente de lo que la Anto estaba pidiendo. Cuando fue el turno de ellas, le pidió una limonada y, además, le preguntó si tenía un trago que se llamaba Canica. A esas alturas, la Anto insistía una y otra vez en que ese era su trago "favorito".
El Barman le indicó que si existía el trago y fue a buscarlo. Un momento después, llegó con la limonada de mi esposa y la canica de la Anto. Mi esposa, antes de entregarle el trago a la Anto, confirmó con el Barman si tenía alcohol o no. El Barman le indicó que no y le destacó que, en realidad, la Canica era un trago para niños. Y, efectivamente, era un trago para niños: Limonada con Granadina. Así de simple.
Honestamente, nunca habíamos pedido ese trago ni sabíamos que existía, por lo que será un misterio descubrir cómo fue que la Anto decidió que esa iba a ser su trago favorito de las vacaciones.
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