domingo, 15 de enero de 2012

Los Patines

El año pasado iniciamos los esfuerzos para que la Isi se dejara de chupar el dedo. Por ignorancia dejamos que se chupara el dedo cuando era más niña y no dimensionamos lo complejo que iba a ser el proceso de quitarle este hábito. Iniciamos el proceso intentando explicarle las razones por las cuales debía dejar de chupárselo, pero no dio resultado. Luego, comenzamos con algunos mecanismos físicos para que no se chupara el dedo en la noche (vendas, parches curitas, etc.). Tampoco dieron resultado. Luego, fuimos a nuestro dentista quien nos convenció de ponerle algo así como un frenillo en el paladar que impedía que el dedo tomara contacto con él. Tampoco resultó. Honestamente, yo pensé que iba a ser una derrota después de todas las cosas que habíamos intentado y, por otro lado, sabía que debíamos seguir hasta lograrlo por el bien de su desarrollo emocional y sus dientes.

Después de haber intentado todas las cosas anteriores, decidimos continuar el proceso sólo con unos parches curitas en los dos dedos todas las noches. Obviamente, al principio no fue fácil, pero, después de unos dos meses, había una luz de esperanza al final del túnel. Ya en las noches, la misma Isi nos permitía ponerle los parches sin hacer ningún tipo de problema al respecto y, además, se quedaba dormida perfectamente. Este proceso continuó unos meses más hasta que ella misma comenzó a exigirnos dormir sin parches. Así que así lo hicimos.

En general las cosas caminaron bien sin los parches, sin embargo, algunas noches parece que no lograba controlarse y se chupaba el dedo igual. Así que, un día decidí ponerle un premio si lograba mantener su conducta como lo hacía con los parches. El premio consistía en unos patines, cosa que ella hacía ya varios meses que nos venía pidiendo. La idea obviamente le pareció difícil en un principio y tuvo sus ataques de inseguridad, indicándonos que creía nunca lograría dejar de chuparse el dedo. Por suerte, las cosas si funcionaron y, antes de irnos de vacaciones, le indicamos que se había ganado sus patines.

Obviamente en México no era el lugar ni el momento para comprárselos, razón por la que, apenas regresamos a Chile ella comenzó a exigirnos su premio y, bueno, hoy fue el gran día en que fuimos a comprar los patines.

La cosa no comenzó muy bien. A estas alturas, todas las tiendas ya están pensando en el regreso a clases (Uffff!!!!!) y, por lo tanto, la oferta de todos aquellos regalos de navidad típicos (patines incluidos) es casi cero. Así que comenzamos a recorrer varias tiendas del Parque Arauco buscando alguna alternativa. Encontramos algunos "restos" de patines en algunas tiendas y en otras, sencillamente ya no les quedaba nada para la talla de ella. Después de recorrer todas las tiendas, volvimos a una en la que habíamos encontrado los patines más adecuados.

Los patines estaban en amontonados en cajas. Cada caja indicaba afuera el color (Azul o Rosado) y la talla (S, M y L). Gracias a una leyenda en la caja de los patines pude determinar que la talla que necesitaba la Isi era M. Así que busqué unos patines M que estuvieran en una caja relativamente decente y se los probé. Se los puso en cada pie y, como era de esperar, quiso patinar de inmediato. Aún cuando no sabe patinar, no había mucho peligro y pudo pasarse de un asiento a otro (1 metro de distancia aprox.) a una velocidad máxima de 1m/hora más o menos. Al hacer esto, más fue su alegría al darse cuenta que las ruedas tenían luces similares a las zapatillas, es decir, que se prenden con el movimiento.

Hasta ese momento la situación era casi perfecta. Pese a la temporada, habíamos encontrado patines y, además, tenían luces. El único problema era que los patines eran azules. A la Isi no le importó mucho así que, si no encontrábamos "otros", esos eran nuestra opción. Sin mucho ánimo, comencé a revisar todas las cajas de patines nuevamente para ver si encontraba unos de mujer. Ya estaba perdiendo la esperanza cuando, sin creerlo mucho, encontré una caja que estaba marcada con color rosado. La caja estaba bien maltratada por lo que, me preocupó que la caja fuera estar incompleta o algo así. Le mostré a la Isi lo que había encontrado y estaba aún más felíz. Le probé los patines y le quedaron perfectos (tienen la gracia que se pueden agrandar o achicar según corresponda) así que fuimos a pagarlos. El vendedor los revisó muy prolijamente, probablemente con la misma preocupación que yo, y luego nos confirmó que estaba completos y que nos los podía vender. Le entregué mi tarjeta y procedimos al pago. Un rato después, nos fuimos con los patines en una bolsa de regreso a la casa.

Ahora tengo la compleja tarea de enseñarle a patinar. Creo que lo mejor que puedo hacer es desempolvar mis patines y patinar con ella.

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