Hoy nos tocó regresar a Ciudad de México en bus. La venida hacia la playa la hicimos en un bus no muy bueno por lo que se hizo un poco pesada y, por lo tanto, para no repetir el error, el regreso lo compramos en un bus mejor. La oferta de buses era variada y, al final, compramos un bus cama. Era el pasaje más caro pero como no teníamos parámetros, fue nuestra única opción.
A las 22:00 se suponía que el bus salía del terminal y, por lo tanto, llegamos cerca de esa hora y nos quedamos esperando afuera. Al final, el bus llegó a las 22:45. La Anto ya estaba durmiendo sobre las maletas a esa altura y los zancudos estaban comenzando a hacer un festín con nosotros.
Abrieron las puertas del bus y mi esposa se subió con las niñas mientras yo cargaba las maletas. Al subirme, grande fue la sorpresa al ver la distribución del bus y darme cuenta que efectivamente era un bus cama. Los asientos eran anchos (3 asientos por fila) y se reclinaban casi completamente. Esto obviamente me puso muy felíz al igual que a mi esposa. La Anto ya estaba dormida en su asiento reclinado al 100%. La Isi se sentó conmigo. Además de esto, el bus tenía pantallas individuales en cada asiento como las de los aviones.
En la pantalla se podía elegir una película, juegos y/o música. La estuvimos escarbando un rato y, después, nos quedamos dormidos. Por suerte dormimos casi todo el camino y las niñas sólo despertaron como a las 07:00, cuando faltaban unas dos horas para llegar a Ciudad de México.
Cuando la Isi despertó, me pidió jugar a algunos de los juegos de su pantalla. Así lo hicimos un rato pero, honestamente, ninguno de los juevos valía la pena salvo un puzzle de esos que tienen un número determinado de piezas y les falta una. El puzzle daba a elegir la opción del número de piezas y, por lo tanto, partimos por el menor número disponible, es decir, 16.
El puzzle apareció desarmado y le enseñé a la Isi los movimientos básicos para que ella intentara armarlo. Lo hizo un momento y después me pidió ayuda. La ayudé y, según yo, me enfoqué en armar las primeras dos filas del puzzle. Sin darme cuenta, lo armé corrido una fila hacia arriba. La Isi se dio cuenta de esto y me dijo que debíamos correrlo hacia abajo. Para ella una operación trivial, sin embargo, dada la restricción del puzzle no era tan simple. Comencé a mover las piezas para intentar bajar el puzzle. Después de un momento, la Isi me preguntó:
- Papi... ¿Qué haces?
- Estoy tratando de mover el puzzle una fila para armarlo - le contesté.
La Isi se quedó mirando un momento lo que yo estaba haciendo y me dijo:
- Osea desarmarlo...
Efectivamente, a esas alturas, lo único que hacía sentido es que estaba desarmando el puzzle.
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