No todos los días tengo la posibilidad de jugar con mi hija, menos, los días de semana, sin embargo, el otro día pude sentarme a jugar un rato con ella mientras mi esposa se preocupaba de la Antonia, en particular, le daba un baño muy necesario para intentar eliminar los micro-mundos existentes en los pliegues de su cuello.
Mi hija, Isidora, está en una edad (eso espero) en la que le cuesta concentrarse en algo y, por lo tanto, entre la necesidad de explotar todas sus capacidades-físicas-hace-poco-aprendidas y la intención de hacer algo conmigo, nos enfrascamos en intensas luchas para lograr alguno de los dos objetivos (el de ella ó el mío).
En este contexto, logramos encontrar un juego que nos permitió entretenernos un rato. Todo comenzó con una pregunta sencilla:
- Papito, ¿Jugamos al puzzle de los contintentes?
Sorpresa grande para mí saber que ya tiene claro el concepto de contintente y, más aún, que lo asocia con un mapa (buen trabajo el que están haciendo en el jardín). El puzzle es de 36 piezas maxi-grandes ideal para niños de su edad y tiene un mapa del mundo con imágenes ad-hoc en cada país. Por ejemplo, en China - la muralla, en Groenlandia - osos polares, en Australia - canguros, etc.
El caso es que saqué el puzzle para que lo armáramos. Tiré las piezas en el piso y comenzamos a armar. Yo armé la orilla para facilatar un poco el problema y rápidamente ella armó el resto. Hecho esto, comenzó automáticamente mi etapa pseudo-formadora-evaluadora para ver sus avances y exigirle un poquito, pero, sin que yo hiciera nada, apuntó a Chile y me dijo:
- Esto es América del Sur.
- ¡Súper bien!, contesté, y comencé a explorar los otros contintentes.
Le indiqué varios para ver si los conocía, le indiqué el nombre de cada uno y se los mostré. Luego comencé el ejercicio inverso. Le indiqué un continente y le pedí me dijera cómo se llamaba.
- ¿Este cuál es? (apuntando a Asia)
- América del Sur....
- No, ¿Este cuál es? (apuntando a Europa)
- América del Sur...
Hasta aquí mi frustración iba creciendo, así que intenté mi última estrategia. Le pregunté (sin apuntar), cuál era Africa (pensando que el problema no era la imágen, si no, más bien, recordar el nombre).
Mi hija se quedó pensando un momento y me preguntó:
- ¿Cuál?
Entonces, intenté ayudarla un poco para no sentirme tan frustrado por mi capacidad docente-geográfica y le indiqué:
- Es donde están los animales...
Y me respondió instantáneamente (y muy felíz):
- La Granja!
Me alegra saber que tiene dos conceptos claros después de este ejercicio. Seguimos jugando un rato y unos minutos después llegó la hora de irse a domir. Se durmió felíz por la demostración extensa que hizo de sus conocimientos geográficos.