lunes, 27 de abril de 2009

La Granja y Los Animales

No todos los días tengo la posibilidad de jugar con mi hija, menos, los días de semana, sin embargo, el otro día pude sentarme a jugar un rato con ella mientras mi esposa se preocupaba de la Antonia, en particular, le daba un baño muy necesario para intentar eliminar los micro-mundos existentes en los pliegues de su cuello.

Mi hija, Isidora, está en una edad (eso espero) en la que le cuesta concentrarse en algo y, por lo tanto, entre la necesidad de explotar todas sus capacidades-físicas-hace-poco-aprendidas y la intención de hacer algo conmigo, nos enfrascamos en intensas luchas para lograr alguno de los dos objetivos (el de ella ó el mío).

En este contexto, logramos encontrar un juego que nos permitió entretenernos un rato. Todo comenzó con una pregunta sencilla:

- Papito, ¿Jugamos al puzzle de los contintentes?

Sorpresa grande para mí saber que ya tiene claro el concepto de contintente y, más aún, que lo asocia con un mapa (buen trabajo el que están haciendo en el jardín). El puzzle es de 36 piezas maxi-grandes ideal para niños de su edad y tiene un mapa del mundo con imágenes ad-hoc en cada país. Por ejemplo, en China - la muralla, en Groenlandia - osos polares, en Australia - canguros, etc.

El caso es que saqué el puzzle para que lo armáramos. Tiré las piezas en el piso y comenzamos a armar. Yo armé la orilla para facilatar un poco el problema y rápidamente ella armó el resto. Hecho esto, comenzó automáticamente mi etapa pseudo-formadora-evaluadora para ver sus avances y exigirle un poquito, pero, sin que yo hiciera nada, apuntó a Chile y me dijo:

- Esto es América del Sur.

- ¡Súper bien!, contesté, y comencé a explorar los otros contintentes.

Le indiqué varios para ver si los conocía, le indiqué el nombre de cada uno y se los mostré. Luego comencé el ejercicio inverso. Le indiqué un continente y le pedí me dijera cómo se llamaba.

- ¿Este cuál es? (apuntando a Asia)

- América del Sur....

- No, ¿Este cuál es? (apuntando a Europa)

- América del Sur...

Hasta aquí mi frustración iba creciendo, así que intenté mi última estrategia. Le pregunté (sin apuntar), cuál era Africa (pensando que el problema no era la imágen, si no, más bien, recordar el nombre).

Mi hija se quedó pensando un momento y me preguntó:

- ¿Cuál?

Entonces, intenté ayudarla un poco para no sentirme tan frustrado por mi capacidad docente-geográfica y le indiqué:

- Es donde están los animales...

Y me respondió instantáneamente (y muy felíz):

- La Granja!

Me alegra saber que tiene dos conceptos claros después de este ejercicio. Seguimos jugando un rato y unos minutos después llegó la hora de irse a domir. Se durmió felíz por la demostración extensa que hizo de sus conocimientos geográficos.

domingo, 19 de abril de 2009

El Exámen de Admisión

Desde hace algunas semanas estamos en el proceso, tortuoso por lo demás, de postulación a colegios para que mi hija ingrese el año que viene, dado que "en marzo del año de ingreso debe tener 4 años cumplidos" como indican las reglas de admisión de casi todos los colegios.

Para mí ha sido una gran sorpresa este "proceso de admisión". Primero, por la anticipación con la que debe realizarse (1 año antes). Segundo, por el nivel de estrés de los padres con los que nos ha tocado compartir. Tercero, por los costos involucrados y, cuarto, por la sorpresa que me causó saber que no basta con la entrevista de mi hija si no que, además, es necesaria (y en algunos casos discriminante) la entrevista de los padres. En resumen, el proceso de postulación que estamos viviendo, es más o menos así:
  • Elegir él(los) colegio(s) a los que se desea postular.
  • Realizar la inscripción y el pago del proceso de admisión.
  • Asistir en las fechas indicadas al exámen del hijo(a) y a la entrevista de los padres.
  • Esperar la publicación de los resultados.
Hasta ahora, estamos postulando a dos colegios gracias a la precacución de mi esposa dado que, en algunos aspectos de mi vida, no soy tan ordenado como en otros y, en este en particular, de no ser por la previsión de ella, probablemente hubiera llegado el primer día de clases, en Marzo del año que viene, con mi hija al colegio que me gusta. Claramente hubiera sido una situación ridícula y frustrante. Por suerte no fue así. Otra cosa extraña es lo del exámen del hijo(a). En un principio uno se imagina una cosa más téorica y/o alineada con el concepto de típico de exámen (papel, lápiz, tiempo, preguntas, etc.), sin embargo, como nos explicaron, el exámen tiene por objeto ver si el niño (mi hija en este caso) tiene o no la madurez para entrar al colegio. Lo sorprendente acá es que esta "evaluación de madurez" se realiza 1 año antes.

Mi hija actualmente tiene 3 años y medio y, yo creo, que en un año más va a ser una persona totalmente distinta a como es hoy y, además, esto es algo que no se puede enseñar (por ejemplo, repitiendo las tablas de multiplicar una tras otra). Así que, en términos bien simples... no hay nada que hacer, símplemente, postular y descubrir (de la peor o de la mejor manera posible) que el hijo(a) de uno está o no está preparado(a) para entrar al colegio en... 1 años más con el mensaje subyacente de "...su hija no está madura", por ejemplo.

Bueno, el caso es que enfrentado a esta incertidumbre hace algunos sábados atrás, nos tocó uno de los exámenes. Esa mañana, yo estaba bastante tranquilo y mi esposa no tanto. No le hicimos ningún comentario a mi hija para no estimularla y sólo le comentamos que ibamos a ir a un lugar para que "jugara con otros niños". La cita era a las 11:30 así que no hicimos mucho en ese rato, salvo que, en un momento, mi hija me pidió que le leyera un cuento. Lo eligió y me lo trajo. Inconscientemente pensé que era "una buena manera" de anticiparme al exámen, dado que el libro era el típico libro de asociar imágenes con la palabra asociada "y este es el...?", etc.

Comenzamos a leer el cuento y mi hija sabía los nombres de todas las imágenes. Impecable pensé (tiene madurez, me decía a cada momento, je, je), hasta que llegamos a la imágen de la granja. Y comenzamos a revisar los conceptos: tractor, gallina, vaca, perro, sol, gato, hasta que llegamos al "Paja-Pájaros". Así es. Mi asombro fue grande cuando, al ver la imágen del Espanta Pájaros, mi hija me dijo muy segura de sí misma: Paja-Pájaros. Pensándolo bien, los conceptos están bien, es un hombre de paja, para espantar pájaros. Casi bien. Pero, no hubo caso. Le repetí varias veces como se llamaba y me insistió en que era el Paja-Pájaros. Preferí no insistirle y dejarlo así. Con esta inseguridad (tonta por lo demás), nos fuimos al exámen.

Hoy ya nos llamaron a la entrevista de los padres, por lo que asumo no fue relevante que no supiera cómo se llamaba el Espanta Pájaros. Ahora lo relevante es saber si los papás, es decir, mi esposa y yo, pasamos nuestro exámen.

viernes, 10 de abril de 2009

La Palabra Mágica

El otro día estábamos en mi casa terminando de almorzar. La Isi andaba corriendo por ahí mientras mi esposa y yo arreglábamos las cosas de la cocina, la mesa, etc.

De pronto, aparece la Isi y me dice muy perentoriamente:

- Papá, quiero jugo.

En mi espíritu formador (como ya he publicado antes), intenté reforzar en ella la necesidad de pedir las cosas "Por Favor", razón por la cual, le pregunté (ingenuamente):

- ¿Qué te falta?

Y me quedé esperando la palabra mágica (para los que no la conocen, la palabra es "por favor"). Un segundo después, me respondió (de manera muy concreta como siempre o como son los niños):

- Me hace falta jugo

Mi sorpresa fue grande, porque de esto saco dos conclusiones importantes:
  • La manera correcta de indicarle a la Isi que debe decir y/o agregar "Por favor" es por medio de la indicación "¿Y la palabra mágica?"
  • Los niños son muy concretos, no andan con rodeos (ojalá los adultos fuéramos así también)

Veré como sigo practicando mi comunicación con ella.

domingo, 5 de abril de 2009

El árbol sin hojas

Actualmente vivo en una casa con un jardín normal. Mi jardín tiene forma de U y rodea casi toda la casa. En el jardín de atrás, debido a una división incomprensible del terreno, la pared del patio del vecino está mucho más encima que en otras partes de la casa. Este vecino, tiene una Bugambilia gigante en su patio que, debido a la orientación de mi casa, en invierno hace de mi patio trasero algo así como un páramo.

No contento con esto, la Bugambilia es una planta que florece en verano de una manera explosiva y, en otoño e invierno, no sólo pierde las hojas si no que, además, pierde todas las flores, generando una basura monumental en el sector. Lamentablemente, mi casa se ve afectada por esto y, además, mi techo, porque la cantidad de hojas genera problemas en los desagues, caídas de agua, etc.

El año pasado (antes del invierno), me acerqué a mi vecino para contarle de este problema y pedirle permiso para podar lo más posible lo que está muy cerca de mi jardín y mi casa. El vecino, muy amablemente para mi sorpresa, accedió y me dió total libertad para la tan ansiada poda.

El martes siguiente, mi jardinero se encargó de materializar la petición. Aunque me hubiera gustado ser aún más drástico en esta acción, fui conciente de los límites entre mi casa y la del vecino, así que podé lo que era prudente. Así pasó el otoño y el inviero sin mayores problemas.

Ayer, como todos los días, me acerqué a la pieza de mi hija para prepararla para el colegio. Como parte de la rutina, le entrego su leche y abro las cortinas para que comience pensar si, en una de esas, talvez, le dan ganas de levantarse (claramente, nunca le dan ganas). Así que, bueno, abrí las cortinas y mi sorpresa fue indescriptible. Al mirar por la ventana de mi hija, la Bugambilia había desaparecido. Sólo quedaba un pedazo del tronco cerca de la división de las casas. Mi cara me delató y mi hija se paró inmediatamente a ver qué me pasaba. Obviamente, me preguntó:

- ¿Papito, qué pasa?

Le conté que habían podado la Bugambilia del vecino y que sólo habían dejado el tronco. Mi hija, no lograba visualizar el cambio, por lo que me preguntó que a qué tronco me refería. Justo, había un Zorzal en él, por lo que se lo mostré para que lo reconociera. Nos quedamos un momento mirando esto (yo tratando de entender cómo es que mis deseos más profundos se habían materializado tan fácilmente) y el Zorzal se fue. Mi esposa, comentó que el Zorzal estaba buscando su casita y/o que tendría que buscar una nueva y, como si nada, mi hija comenzó a cantar (con un ritmo bastante peculiar):

- Pajarito... ven... pajarito... a tu arbolito sin hojas!... a tu arbolito sin hojas!....

Probablemente, mi hija no entenderá en este momento que un árbol sin hojas no sirve para nada... si embargo, en este caso, yo lo tengo súper claro... gracias a esta acción, el sol entrará en la pieza de mi hija todo el año.