domingo, 5 de abril de 2009

El árbol sin hojas

Actualmente vivo en una casa con un jardín normal. Mi jardín tiene forma de U y rodea casi toda la casa. En el jardín de atrás, debido a una división incomprensible del terreno, la pared del patio del vecino está mucho más encima que en otras partes de la casa. Este vecino, tiene una Bugambilia gigante en su patio que, debido a la orientación de mi casa, en invierno hace de mi patio trasero algo así como un páramo.

No contento con esto, la Bugambilia es una planta que florece en verano de una manera explosiva y, en otoño e invierno, no sólo pierde las hojas si no que, además, pierde todas las flores, generando una basura monumental en el sector. Lamentablemente, mi casa se ve afectada por esto y, además, mi techo, porque la cantidad de hojas genera problemas en los desagues, caídas de agua, etc.

El año pasado (antes del invierno), me acerqué a mi vecino para contarle de este problema y pedirle permiso para podar lo más posible lo que está muy cerca de mi jardín y mi casa. El vecino, muy amablemente para mi sorpresa, accedió y me dió total libertad para la tan ansiada poda.

El martes siguiente, mi jardinero se encargó de materializar la petición. Aunque me hubiera gustado ser aún más drástico en esta acción, fui conciente de los límites entre mi casa y la del vecino, así que podé lo que era prudente. Así pasó el otoño y el inviero sin mayores problemas.

Ayer, como todos los días, me acerqué a la pieza de mi hija para prepararla para el colegio. Como parte de la rutina, le entrego su leche y abro las cortinas para que comience pensar si, en una de esas, talvez, le dan ganas de levantarse (claramente, nunca le dan ganas). Así que, bueno, abrí las cortinas y mi sorpresa fue indescriptible. Al mirar por la ventana de mi hija, la Bugambilia había desaparecido. Sólo quedaba un pedazo del tronco cerca de la división de las casas. Mi cara me delató y mi hija se paró inmediatamente a ver qué me pasaba. Obviamente, me preguntó:

- ¿Papito, qué pasa?

Le conté que habían podado la Bugambilia del vecino y que sólo habían dejado el tronco. Mi hija, no lograba visualizar el cambio, por lo que me preguntó que a qué tronco me refería. Justo, había un Zorzal en él, por lo que se lo mostré para que lo reconociera. Nos quedamos un momento mirando esto (yo tratando de entender cómo es que mis deseos más profundos se habían materializado tan fácilmente) y el Zorzal se fue. Mi esposa, comentó que el Zorzal estaba buscando su casita y/o que tendría que buscar una nueva y, como si nada, mi hija comenzó a cantar (con un ritmo bastante peculiar):

- Pajarito... ven... pajarito... a tu arbolito sin hojas!... a tu arbolito sin hojas!....

Probablemente, mi hija no entenderá en este momento que un árbol sin hojas no sirve para nada... si embargo, en este caso, yo lo tengo súper claro... gracias a esta acción, el sol entrará en la pieza de mi hija todo el año.

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