Como es habitual los domingos, salimos a comer afuera. Esta vez, el lugar elegido, fue la Marisquería Tongoy. Hace rato que no ibamos por esos lados y, además, queríamos variar la comida después de comer tanta carne durante la semana del 18.
La comida estuvo normal, nada especial en realidad, lenta la atención como siempre. Durante la espera, el pan que nos trajeron fue lo único que nos permitió esperar con relativa tranquilidad pero, claramente, fue necesario poner un límite o si no las niñas se lo hubieran comido todo.
La Anto, que le encanta al pan con pebre, negoció y nos hizo saber de inmediato sus condiciones para dejar de comer:
- La tercera mitad me la como después - dijo con seguridad.
Menos mal está en Kinder recién, de lo contrario, hubiera comenzado a dudar de las clases de matemáticas del colegio.
domingo, 30 de septiembre de 2012
Las Matemáticas
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jueves, 27 de septiembre de 2012
Corazón Limpio
La Anto es, habitualmente, muy afectuosa. Esta misma faceta hace que muchas veces, conecte sentimientos con acciones para reflejar ese apego que tiene hacia las personas y los sentimientos.
Hoy me tocó bañarla a mi y, esta vez, el baño fue en tina. Además de los juguetes e implementos típicos, le agregué espuma de baño lo que hizo, obviamente, un cambio radical en su rutina. Comenzamos con el pelo y, luego, llegó la hora de echarse jabón en el cuerpo. Yo, con el jabón en barra y, ella, por mientras, con la espuma.
En un momento, me fijé que se esparcía la espuma sin parar en el pecho.
- Te estás enjabonando muy bien... - le dije para intentar averiguar qué estaba haciendo.
- ¡Me lavo el corazón para tenerlo limpio y pensar bien! - me dijo alegremente.
Por lo pronto, no quise meter el cerebro en la conversación y dejé que se lavara bien su corazoncito.
Hoy me tocó bañarla a mi y, esta vez, el baño fue en tina. Además de los juguetes e implementos típicos, le agregué espuma de baño lo que hizo, obviamente, un cambio radical en su rutina. Comenzamos con el pelo y, luego, llegó la hora de echarse jabón en el cuerpo. Yo, con el jabón en barra y, ella, por mientras, con la espuma.
En un momento, me fijé que se esparcía la espuma sin parar en el pecho.
- Te estás enjabonando muy bien... - le dije para intentar averiguar qué estaba haciendo.
- ¡Me lavo el corazón para tenerlo limpio y pensar bien! - me dijo alegremente.
Por lo pronto, no quise meter el cerebro en la conversación y dejé que se lavara bien su corazoncito.
martes, 25 de septiembre de 2012
Los Tallarines
No hay nada que le guste más a la Anto que las pastas y las frutas. Sin embargo, aún cuando le gusta esa comida, siempre se demora en comer y es necesario empujarla, apoyarla y, algunas veces, retarla para que coma.
Hoy, cuando llegué del trabajo, le pregunté:
- Anto... ¿Qué comiste?
- Tallarines - me contestó inmediatamente
- ¿Y estaban ricos?
- Delicisiosos...
- ¿Y te los comiste todos? - pregunté esperanzado
- No.... Dejé para la noche.
Así que, esta vez, parece que encontró la excusa perfecta para no comer.
Hoy, cuando llegué del trabajo, le pregunté:
- Anto... ¿Qué comiste?
- Tallarines - me contestó inmediatamente
- ¿Y estaban ricos?
- Delicisiosos...
- ¿Y te los comiste todos? - pregunté esperanzado
- No.... Dejé para la noche.
Así que, esta vez, parece que encontró la excusa perfecta para no comer.
lunes, 24 de septiembre de 2012
La Dieta
Después de una larga semana de vacaciones, como resultado de las fiestas patrias, llegó el momento de volver a la realidad.
En la cena, mi esposa le comentó a las niñas que había llegado el momento y que, por lo tanto, mañana lunes, había que regresar al trabajo, al colegio, al jardín y, en definitiva, retomar la rutina de todos los días. Obviamente, las dos, comenzaron a reclamar, a expresar todas las frustraciones de volver a la rutina, de lo que habían disfrutado las vacaciones, etc. Mi esposa, en el intertanto, las apoyaba pero también les indicaba que era necesario regresar a la rutina para poder, precisamente, tener más vacaciones similares en el futuro.
La Anto, intentando argumentar, miró a mi esposa desconcertada y le dijo:
- ¿Pero si tu estás a dieta? ¡No puedes ir a trabajar!
En la cena, mi esposa le comentó a las niñas que había llegado el momento y que, por lo tanto, mañana lunes, había que regresar al trabajo, al colegio, al jardín y, en definitiva, retomar la rutina de todos los días. Obviamente, las dos, comenzaron a reclamar, a expresar todas las frustraciones de volver a la rutina, de lo que habían disfrutado las vacaciones, etc. Mi esposa, en el intertanto, las apoyaba pero también les indicaba que era necesario regresar a la rutina para poder, precisamente, tener más vacaciones similares en el futuro.
La Anto, intentando argumentar, miró a mi esposa desconcertada y le dijo:
- ¿Pero si tu estás a dieta? ¡No puedes ir a trabajar!
jueves, 20 de septiembre de 2012
La Semilla
Aprovechando las fiestas patrias, decidimos ir ayer a las fondas de Buin. A mi esposa y a mí nos las habían recomendado algunas personas por separado por lo que, para hacer algo distinto, decidimos ir.
Gracias a las nuevas "autopistas urbanas" el viaje fue relativamente expedito, a pesar de que no dejó de estar el infaltable "¿falta mucho?", "¿ya llegamos?", "¿Adónde vamos?", etc. Como llegamos temprano, no nos costó mucho estacionarnos. En un principio intentamos en la carretera pero, rápidamente, el acomodador de autos nos indicó que era peligroso, que él no se hacía responsable, etc., por lo que nos fuimos hacia el estacionamiento oficial que estaba en la parte de atrás de las fondas.
Entramos a las fondas por el camino habilitado que, básicamente, era un pasillo de tierra con fondas a ambos costados. Las recorrimos de principio a fin, las niñas infaltablemente, fueron al baño y, finalmente, para ponerle algo de gracia al viaje, compramos unos dulces para las niñas. Considerando que fuimos almorzados, no nos dieron ganas de comprar empanadas ni nada por el estilo, por lo que, aprovechamos de comprar algo distinto: unas manzanas acarameladas.
La Anto y la Isi no lo podían creer y se las comenzaron a comer desde que nos subimos al auto hasta que llegamos a la casa. Cuando llegamos, ya cansadas de la inagotable manzana, decidieron dejarla guardada para el día siguiente.
Hoy, después del almuerzo, decidieron comerse lo que les quedaba de la manzana de postre. Yo, lamentablmente, dejé las manzanas en la despensa el día anterior, razón por la que la manzana se había oxidado y sólo se podía comer el caramelo. Con un cuchillo, le saqué el caramelo a las manzanas y se los dejé en sus platos para que se lo terminaran de comer. Ellas, felices con tanta azúcar disponible, se comieron el caramelo sin parar.
La Isi se aburrió antes y dejó de comer. Contrario a lo que yo pensé que podía pasar, me dijo que ya no quería más y que lo botara a la basura para mi satisfacción. La Anto, sin embargo, no iba a perder ningún gramo del azúcar ahí contenida y, mientras lo hacía, se puso a jugar con los restos de manzana que estaban en el plato. De pronto, encontró una de las semillas de la manzana.
- Papi... ¿Esta es una semilla de manzana? - preguntó con cierta incertidumbre.
- Si - le contesté - Es una semilla de manzana...
- ¡Qué bueno! - dijo efusivamente - ¡Voy a plantarla para tener un árbol de Manzanas Acarameladas!
Gracias a las nuevas "autopistas urbanas" el viaje fue relativamente expedito, a pesar de que no dejó de estar el infaltable "¿falta mucho?", "¿ya llegamos?", "¿Adónde vamos?", etc. Como llegamos temprano, no nos costó mucho estacionarnos. En un principio intentamos en la carretera pero, rápidamente, el acomodador de autos nos indicó que era peligroso, que él no se hacía responsable, etc., por lo que nos fuimos hacia el estacionamiento oficial que estaba en la parte de atrás de las fondas.
Entramos a las fondas por el camino habilitado que, básicamente, era un pasillo de tierra con fondas a ambos costados. Las recorrimos de principio a fin, las niñas infaltablemente, fueron al baño y, finalmente, para ponerle algo de gracia al viaje, compramos unos dulces para las niñas. Considerando que fuimos almorzados, no nos dieron ganas de comprar empanadas ni nada por el estilo, por lo que, aprovechamos de comprar algo distinto: unas manzanas acarameladas.
La Anto y la Isi no lo podían creer y se las comenzaron a comer desde que nos subimos al auto hasta que llegamos a la casa. Cuando llegamos, ya cansadas de la inagotable manzana, decidieron dejarla guardada para el día siguiente.
Hoy, después del almuerzo, decidieron comerse lo que les quedaba de la manzana de postre. Yo, lamentablmente, dejé las manzanas en la despensa el día anterior, razón por la que la manzana se había oxidado y sólo se podía comer el caramelo. Con un cuchillo, le saqué el caramelo a las manzanas y se los dejé en sus platos para que se lo terminaran de comer. Ellas, felices con tanta azúcar disponible, se comieron el caramelo sin parar.
La Isi se aburrió antes y dejó de comer. Contrario a lo que yo pensé que podía pasar, me dijo que ya no quería más y que lo botara a la basura para mi satisfacción. La Anto, sin embargo, no iba a perder ningún gramo del azúcar ahí contenida y, mientras lo hacía, se puso a jugar con los restos de manzana que estaban en el plato. De pronto, encontró una de las semillas de la manzana.
- Papi... ¿Esta es una semilla de manzana? - preguntó con cierta incertidumbre.
- Si - le contesté - Es una semilla de manzana...
- ¡Qué bueno! - dijo efusivamente - ¡Voy a plantarla para tener un árbol de Manzanas Acarameladas!
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miércoles, 19 de septiembre de 2012
Punto Ce Ele
La Isi llegó hoy del colegio a pedirle a mi esposa que se conectara a Internet e ingresara a un sitio que había visto en el colegio.
- Mamy... Pon Moshi Monsters "punto KL".
Mi esposa puso en el browser lo que entendió, es decir, www.moshimonsters.cl y esperaron a que la página cargara.
La Isi, al ver la dirección (URL) que había ingresado, se iluminó y nos contó del pequeño gran descubrimiento que había realizado:
- Mamy... Mamy... Ya entendí... Yo pensaba que era "punto KL"... y ahora me doy cuenta que se dice "punto Ce Ele"...
- Mamy... Pon Moshi Monsters "punto KL".
Mi esposa puso en el browser lo que entendió, es decir, www.moshimonsters.cl y esperaron a que la página cargara.
La Isi, al ver la dirección (URL) que había ingresado, se iluminó y nos contó del pequeño gran descubrimiento que había realizado:
- Mamy... Mamy... Ya entendí... Yo pensaba que era "punto KL"... y ahora me doy cuenta que se dice "punto Ce Ele"...
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martes, 18 de septiembre de 2012
Las Arrugas
Hoy la Isi le hizo una pregunta muy directa a mi esposa:
- ¿Porqué tienes esas arrugas en los ojos?
Mi esposa respondió lo lógico, es decir, aludiendo al envejecimiento del cuerpo con el paso de los años y, además, algún contraargumento. La Isi, que probablemente no entendió los argumentos y pensó que las arrugas eran graves, le dijo a mi esposa:
- Te digo algo mamy.... En el cable están vendiendo una crema que te la pones y "ping" (como efecto de audio) - mientras se ponía las manos en la cara para estirársela.
Nos miramos y nos admiramos de la llegada de los famosos programas ¡Llame Ya! y eso que la Isi y la Anto, habitualmente, sólo ven DiscoveryKids.
- ¿Porqué tienes esas arrugas en los ojos?
Mi esposa respondió lo lógico, es decir, aludiendo al envejecimiento del cuerpo con el paso de los años y, además, algún contraargumento. La Isi, que probablemente no entendió los argumentos y pensó que las arrugas eran graves, le dijo a mi esposa:
- Te digo algo mamy.... En el cable están vendiendo una crema que te la pones y "ping" (como efecto de audio) - mientras se ponía las manos en la cara para estirársela.
Nos miramos y nos admiramos de la llegada de los famosos programas ¡Llame Ya! y eso que la Isi y la Anto, habitualmente, sólo ven DiscoveryKids.
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domingo, 16 de septiembre de 2012
El Colegio
La Anto y la Isi siempre, durante el desayuno, o la comida, se ponen a competir por cualquier cosa. Que quién come más rápido, que quién come más lento, que quién sabe más inglés, etc., y, aún cuando la Anto siempre tiene todas las de perder, sigue intentándolo.
Esta vez, mientras tratábamos de comer, la Anto y la Isi seguían con sus preguntas sin parar. Para intentar cambiar la dinámica, levanté la mano para responder una de las preguntas que hizo la Anto.
La Isi, sin pensarlo, me miró y me preguntó:
- ¿Acaso estás en el colegio que levantas la mano?
Obviamente, después de esa invitación a seguir jugando, me abstuve de opinar y, bueno, siguieron compitiendo toda la comida.
Esta vez, mientras tratábamos de comer, la Anto y la Isi seguían con sus preguntas sin parar. Para intentar cambiar la dinámica, levanté la mano para responder una de las preguntas que hizo la Anto.
La Isi, sin pensarlo, me miró y me preguntó:
- ¿Acaso estás en el colegio que levantas la mano?
Obviamente, después de esa invitación a seguir jugando, me abstuve de opinar y, bueno, siguieron compitiendo toda la comida.
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sábado, 15 de septiembre de 2012
Buaj
La Anto, habitualmente, siempre anda pidiendo jugo. Hoy no fue la excepción. Aprovechando que fui a la cocina a buscar algo, la Anto me siguió y me pidió le sirviera jugo. Sin darme cuenta, tomé el jugo que estaba sobre la mesa de la cocina, le serví en su vaso y se lo pasé.
La Anto lo recibió y comenzó a tomar. En paralelo, yo también me serví un poco, aprovechando que estaba ahí. Casi inmediatamente dejé de tomar porque, en realidad, el jugo estaba pésimo. La Anto, que seguía tomando a pesar de todo, me miró y me preguntó:
- ¿Para ti el jugo también está un poco buaj?
Pobrecita, pese a su sed, igual se estaba tomando el jugo que estaba pésimo. Lo boté e hice jugo nuevo. Ella, sin pensarlo, se quedó esperando para seguir tomando.
La Anto lo recibió y comenzó a tomar. En paralelo, yo también me serví un poco, aprovechando que estaba ahí. Casi inmediatamente dejé de tomar porque, en realidad, el jugo estaba pésimo. La Anto, que seguía tomando a pesar de todo, me miró y me preguntó:
- ¿Para ti el jugo también está un poco buaj?
Pobrecita, pese a su sed, igual se estaba tomando el jugo que estaba pésimo. Lo boté e hice jugo nuevo. Ella, sin pensarlo, se quedó esperando para seguir tomando.
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lunes, 10 de septiembre de 2012
La Secuencia de Cumpleaños
El otro día fuimos al cumpleaños de Max, el hijo de un amigo, que cumplía cuatro años. Como es habitual, la fiesta consistió en muchos niños corriendo por el jardín, subiéndose a la cama saltarina y, luego, siguiendo los juegos de las payasitas que habían contratado. Los juegos eran los típicos: guerra de almohadas, póngale los perros de la ropa al papá, póngale las bombillas a la mamá, llene el traje gigante del papá de globos inflados, etc.
Una vez que terminaron las actividades, llegó el momento de partir la torta. Mi amigo, muy orgulloso, trajo la torta de Cars, con una linda vela del número 4 en ella. Cuando se la puso al frente de Max y éste comenzó a alegarle. Yo estaba lejos por lo que no pude escuchar muy bien el alegato, pero, estuvieron un momento alegando por algo. Yo podía apreciar como Max apuntaba una y otra vez la vela. Al final, después de un rato, cantamos el cumpleaños feliz, Max apagó la vela y comenzó la repartija de la torta.
Me acerqué a mi amigo para preguntarle qué había pasado antes de que cantaran el cumpleaños feliz y, bueno, me contó.
El caso es que el día Jueves le celebraron el cumpleaños a Max en el colegio. En esa oportunidad, le cantaron el cumpleaños feliz y tuvo que apagar la vela de su torta: una linda vela con el número cuatro.
El domingo, es decir, hoy, cuando le contaron a Max que harían otra fiesta para celebrar su cumpleaños, su cerebro realizó la asociación inmediata: "si en la semana me celebraron mi cumpleaños número cuatro, entonces, hoy ya me toca celebrar mi cumpleaños número cinco".
Efectivamente, ese fue el alegato cuando le tocó apagar la vela:
¿Porqué había una vela número 4 en vez de una número 5?
Mi amigo me confesó después que fue una explicación dura. Yo, por mi lado, entiendo a Max.
Una vez que terminaron las actividades, llegó el momento de partir la torta. Mi amigo, muy orgulloso, trajo la torta de Cars, con una linda vela del número 4 en ella. Cuando se la puso al frente de Max y éste comenzó a alegarle. Yo estaba lejos por lo que no pude escuchar muy bien el alegato, pero, estuvieron un momento alegando por algo. Yo podía apreciar como Max apuntaba una y otra vez la vela. Al final, después de un rato, cantamos el cumpleaños feliz, Max apagó la vela y comenzó la repartija de la torta.
Me acerqué a mi amigo para preguntarle qué había pasado antes de que cantaran el cumpleaños feliz y, bueno, me contó.
El caso es que el día Jueves le celebraron el cumpleaños a Max en el colegio. En esa oportunidad, le cantaron el cumpleaños feliz y tuvo que apagar la vela de su torta: una linda vela con el número cuatro.
El domingo, es decir, hoy, cuando le contaron a Max que harían otra fiesta para celebrar su cumpleaños, su cerebro realizó la asociación inmediata: "si en la semana me celebraron mi cumpleaños número cuatro, entonces, hoy ya me toca celebrar mi cumpleaños número cinco".
Efectivamente, ese fue el alegato cuando le tocó apagar la vela:
¿Porqué había una vela número 4 en vez de una número 5?
Mi amigo me confesó después que fue una explicación dura. Yo, por mi lado, entiendo a Max.
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domingo, 9 de septiembre de 2012
Máximo
Comienza la temporada de asados y tuvimos que comprar una parrilla nueva. A diferencia de otras casas en las que hay espacio para tener el famoso "quincho", mi casa no tiene la distribución adecuada como para instalar uno, por lo tanto, desde que llegamos siempre hemos utilizado parrillas a gas con piedras volcánicas.
Para los que no las han usado nunca, son un invento fantástico. Si bien es cierto, no es lo mismo que el carbón, se acerca mucho y, además, tiene la gran ventaja que está lista para cocinar en 5 minutos. Eso es impagable.
Por lo tanto, hoy fuimos a comprar la parrilla al HomeCenter y, para los que nunca han comprado una, debo advertirles que vienen desarmadas. Nos pusimos a armarla con las niñas. La Isi muy atenta tratando de ayudarme a seguir las instrucciones. La Anto, por otra parte, sólo intentaba utilizar una y otra vez a Phillip (el desatornillador de Many a la Obra) en cualquier cosa que tuviera al frente. Con tanto desorden, nos demoramos un poco en armarla.
Cuando terminamos, la Isi que estaba de lo más orgullosa de lo que habíamos logrado. La miró y me preguntó:
- ¿Porqué tiene un nombre?
- ¿A qué te refieres? - le pregunté sorprendido.
- Máximo... Aquí dice Máximo - me contestó apuntando con el dedo.
Claramente, no somos amigos de Cecilia y no recuerdo que tuviera algún amigo con ese nombre, por lo que, sólo pude explicarle qué significa Máximo en el contexto de la perilla que controla el gas.
Para los que no las han usado nunca, son un invento fantástico. Si bien es cierto, no es lo mismo que el carbón, se acerca mucho y, además, tiene la gran ventaja que está lista para cocinar en 5 minutos. Eso es impagable.
Por lo tanto, hoy fuimos a comprar la parrilla al HomeCenter y, para los que nunca han comprado una, debo advertirles que vienen desarmadas. Nos pusimos a armarla con las niñas. La Isi muy atenta tratando de ayudarme a seguir las instrucciones. La Anto, por otra parte, sólo intentaba utilizar una y otra vez a Phillip (el desatornillador de Many a la Obra) en cualquier cosa que tuviera al frente. Con tanto desorden, nos demoramos un poco en armarla.
Cuando terminamos, la Isi que estaba de lo más orgullosa de lo que habíamos logrado. La miró y me preguntó:
- ¿Porqué tiene un nombre?
- ¿A qué te refieres? - le pregunté sorprendido.
- Máximo... Aquí dice Máximo - me contestó apuntando con el dedo.
Claramente, no somos amigos de Cecilia y no recuerdo que tuviera algún amigo con ese nombre, por lo que, sólo pude explicarle qué significa Máximo en el contexto de la perilla que controla el gas.
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jueves, 6 de septiembre de 2012
El Viento
Mi mamá muchas veces llega a visitarnos o a traernos alguna cosa que haya cocinado, por ejemplo, un queque, un kuchen, etc. Cuando esto sucede, habitualmente, es porque viene de paso y/o tiene que algún trámite que hacer y aprovecha el viaje.
Hoy fue uno de estos dias y mi mamá se apareció dejarnos un pedazo de Kuchen de Manzana o Apple Crumble como le llama ella. Pasó dos segundos y, antes de que le ofreciéramos nada, ya nos estaba indicando que se tenía que ir, porque estaba muy apurada.
- Me tengo que ir soplada... porque tengo que ir a hacer un trámite - dijo mientras le ofrecíamos un café.
La Anto que estaba por ahí dando vueltas le preguntó:
- ¿Te tienes que ir soplada como el viento?
Mi mamá le respondió afirmativamente y se la tomó tan en serio que, en menos de lo que imaginamos, ya se había subido a su auto y enfilaba a su nuevo rumbo. Nosotros, frente a esto, no tuvimos más alternativa que comenzar a degustar el Kuchen que, como siempre, estaba delicioso.
Hoy fue uno de estos dias y mi mamá se apareció dejarnos un pedazo de Kuchen de Manzana o Apple Crumble como le llama ella. Pasó dos segundos y, antes de que le ofreciéramos nada, ya nos estaba indicando que se tenía que ir, porque estaba muy apurada.
- Me tengo que ir soplada... porque tengo que ir a hacer un trámite - dijo mientras le ofrecíamos un café.
La Anto que estaba por ahí dando vueltas le preguntó:
- ¿Te tienes que ir soplada como el viento?
Mi mamá le respondió afirmativamente y se la tomó tan en serio que, en menos de lo que imaginamos, ya se había subido a su auto y enfilaba a su nuevo rumbo. Nosotros, frente a esto, no tuvimos más alternativa que comenzar a degustar el Kuchen que, como siempre, estaba delicioso.
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sábado, 1 de septiembre de 2012
Delegando Responsabilidades
El instinto maternal de la Anto siempre nos sorprende. Muchas veces habla de que quiere tener una guaguita, de que quiere ser mamá, de cómo va a cuidar a sus hijos y muchas cosas más.
Mi esposa, si bien le sigue el juego, también le aclara y le envía los mensajes de la responsabilidad que significa tener un hijo y de las muchas cosas que hay que hacer cuando uno tiene hijos. En su inocencia, la Anto sólo logra entender algunas cosas de lo que mi esposa le cuenta, pero, como siempre conversamos entre nosotros, son como medidas de prevención.
El caso es que la Anto, siguió insistiendo y, al final, terminó diciendo:
- ¡Cuando sea grande voy a tener una guaguita... y tú me la vas a cuidar mientras vaya al colegio!
Está claro que todavía nos falta seguir mostrándole que la maternidad, y la paternidad, tienen muchas más responsabilidades asociadas.
Mi esposa, si bien le sigue el juego, también le aclara y le envía los mensajes de la responsabilidad que significa tener un hijo y de las muchas cosas que hay que hacer cuando uno tiene hijos. En su inocencia, la Anto sólo logra entender algunas cosas de lo que mi esposa le cuenta, pero, como siempre conversamos entre nosotros, son como medidas de prevención.
El caso es que la Anto, siguió insistiendo y, al final, terminó diciendo:
- ¡Cuando sea grande voy a tener una guaguita... y tú me la vas a cuidar mientras vaya al colegio!
Está claro que todavía nos falta seguir mostrándole que la maternidad, y la paternidad, tienen muchas más responsabilidades asociadas.
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