Después de una larga semana de vacaciones, como resultado de las fiestas patrias, llegó el momento de volver a la realidad.
En la cena, mi esposa le comentó a las niñas que había llegado el momento y que, por lo tanto, mañana lunes, había que regresar al trabajo, al colegio, al jardín y, en definitiva, retomar la rutina de todos los días. Obviamente, las dos, comenzaron a reclamar, a expresar todas las frustraciones de volver a la rutina, de lo que habían disfrutado las vacaciones, etc. Mi esposa, en el intertanto, las apoyaba pero también les indicaba que era necesario regresar a la rutina para poder, precisamente, tener más vacaciones similares en el futuro.
La Anto, intentando argumentar, miró a mi esposa desconcertada y le dijo:
- ¿Pero si tu estás a dieta? ¡No puedes ir a trabajar!
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