Aprovechando las fiestas patrias, decidimos ir ayer a las fondas de Buin. A mi esposa y a mí nos las habían recomendado algunas personas por separado por lo que, para hacer algo distinto, decidimos ir.
Gracias a las nuevas "autopistas urbanas" el viaje fue relativamente expedito, a pesar de que no dejó de estar el infaltable "¿falta mucho?", "¿ya llegamos?", "¿Adónde vamos?", etc. Como llegamos temprano, no nos costó mucho estacionarnos. En un principio intentamos en la carretera pero, rápidamente, el acomodador de autos nos indicó que era peligroso, que él no se hacía responsable, etc., por lo que nos fuimos hacia el estacionamiento oficial que estaba en la parte de atrás de las fondas.
Entramos a las fondas por el camino habilitado que, básicamente, era un pasillo de tierra con fondas a ambos costados. Las recorrimos de principio a fin, las niñas infaltablemente, fueron al baño y, finalmente, para ponerle algo de gracia al viaje, compramos unos dulces para las niñas. Considerando que fuimos almorzados, no nos dieron ganas de comprar empanadas ni nada por el estilo, por lo que, aprovechamos de comprar algo distinto: unas manzanas acarameladas.
La Anto y la Isi no lo podían creer y se las comenzaron a comer desde que nos subimos al auto hasta que llegamos a la casa. Cuando llegamos, ya cansadas de la inagotable manzana, decidieron dejarla guardada para el día siguiente.
Hoy, después del almuerzo, decidieron comerse lo que les quedaba de la manzana de postre. Yo, lamentablmente, dejé las manzanas en la despensa el día anterior, razón por la que la manzana se había oxidado y sólo se podía comer el caramelo. Con un cuchillo, le saqué el caramelo a las manzanas y se los dejé en sus platos para que se lo terminaran de comer. Ellas, felices con tanta azúcar disponible, se comieron el caramelo sin parar.
La Isi se aburrió antes y dejó de comer. Contrario a lo que yo pensé que podía pasar, me dijo que ya no quería más y que lo botara a la basura para mi satisfacción. La Anto, sin embargo, no iba a perder ningún gramo del azúcar ahí contenida y, mientras lo hacía, se puso a jugar con los restos de manzana que estaban en el plato. De pronto, encontró una de las semillas de la manzana.
- Papi... ¿Esta es una semilla de manzana? - preguntó con cierta incertidumbre.
- Si - le contesté - Es una semilla de manzana...
- ¡Qué bueno! - dijo efusivamente - ¡Voy a plantarla para tener un árbol de Manzanas Acarameladas!
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