No hay nada que le guste más a la Anto que las pastas y las frutas. Sin embargo, aún cuando le gusta esa comida, siempre se demora en comer y es necesario empujarla, apoyarla y, algunas veces, retarla para que coma.
Hoy, cuando llegué del trabajo, le pregunté:
- Anto... ¿Qué comiste?
- Tallarines - me contestó inmediatamente
- ¿Y estaban ricos?
- Delicisiosos...
- ¿Y te los comiste todos? - pregunté esperanzado
- No.... Dejé para la noche.
Así que, esta vez, parece que encontró la excusa perfecta para no comer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario