martes, 30 de junio de 2009

Nombre Largo... Nombre Corto...

Como otra más de las actividades de éstas vacaciones, nos vinimos por unos días a la casa del abuelo de la Isi en las afueras de Bogotá. El lugar se llama La Calera y es similar al Cajón del Maipo, es decir, casas en la montaña en medio de la nada.

Estábamos almorzando hoy y la Isi se puso a jugar con las letras con imán que están pegadas en el refrigerador del abuelo. Letras grandes y muchas. El refrigerador no es precisamente no-frost ni pequeño y mide, yo creo, 1,2 m de ancho. Las puso en fila de un extremo al otro del refrigerador y se veía algo así como lo siguiente:

jkhruiwcvweriunñskjñfjgiruthsdhffsd

Entonces, la Isi nos dijo:

- Ese es mi nombre - y comenzó a leerlo, mientras movía el dedo por la fila de letras.

- iiiiiiiiiisssssssiiiiiiiiiiiiiddddddddoooooooorrrrrrraaaa

Claramente, le faltaron silabas y tiempo para poder completar el metro veinte de letras, sin embargo, lo hizo de la mejor manera para coincidir el dedo, el sonido y la última letra. Luego, puso arriba de esta fila, una fila más pequeña de letras de aproximadamente 30 cm y nos comentó:

- Este es mi nombre corto - y comenzó a leerlo.

En una fracción de segundo me adelanté a su lectura y me imaginé que, dado lo que había leído antes con su nombre largo, leería y diría algo así como Isidora. Rápido y simple. Grande fue mi sorpresa, cuando, moviendo el dedo nuevamente, dijo:

- Isidorita.

Ahora si se cuál es el nombre corto de la Isi.

sábado, 27 de junio de 2009

Misión Cumplida

Después de una larga espera, desde ayer comenzaron nuestras vacaciones con destino a Colombia. Como debe ser, comenzamos las vacaciones con un viaje en avión con escala en Lima. Al final, dos tramos, el primero de 3,5 hrs y el segundo de 2,5 hrs. En el primer tramo, ninguna de mis hijas durmió nada... y, por suerte, en el segundo se durmieron las dos, lo que nos dió una posibilidad a mi esposa y a mi de dormir un poco. De igual forma, llegamos a Bogotá a las 03:00 AM del sábado, bastante cansados. Por suerte, nos estaban esperando en el aeropuerto la mamá de mi esposa con su marido, lo que hizo el trámite de llegar al destino final más eficiente. Llegamos y todos a dormir.

Mis hijas se despertaron como reloj a las 07:00, un poco más tarde de lo normal, y tomamos desayuno. El día transcurrió normal, tratando de aclimatarnos y ordenarnos un poco. Como siempre, la Isi se fue a dormir siesta como a las 14:00. Habitualmente, ella duerme bastante cuando duerme siesta por lo que, para ninguno, era un misterio que como resultado del viaje durmiera más de lo habitual. La Antonia, sin embargo, siguió con su ritmo habitual de dormir lo menos posible así que, su siesta, fue de sólo una hora.

Estábamos todos en el living conversando de todo un poco cuando, como a las 17:00, apareció la Isi en el living con su pañal, sus cachetes colorados y una sonrisa de oreja a oreja. Muy suelta de cuerpo exclamó delante de todos:

- Ya. ¡Terminé de dormir!

Aunque tres horas de siesta me parecen más que suficiente (creo que yo no logro dormir más de media hora de siesta hace meses), espero que la Isi se de cuenta rápidamente que, en general, placeres como dormir, comer, etc., que uno nunca termina de hacer, si no, más bien, deja de hacerlos y que, por lo tanto, no habiendo restricciones hay que aprovecharlos al máximo.

Por lo pronto, está felíz de estar con sus abuelos y tías y, además, con la noble misión de estresar al máximo a la nueva mascota de la casa... la gata Pruna.

martes, 16 de junio de 2009

Un par de ojitos negros... Cielito lindo, de contrabando

Hoy tuve que ponerle el pillama a la Isi para irse a dormir. En general trato de hacerlo un evento "entretenido" y distraerla con cuentos y absurdos para evitar tener problemas mayores (como el típico "no tengo sueño"... que claramente es todo lo contrario).

Entonces, le estaba poniendo el pillama, jugando a que se quedaba dormida mientras se lo ponía. Una vil estrategia para preparar el terreno de lo que vendría después. Primero el pañal y luego el pantalón. Cuando comencé a quitarle la polera para ponerle la parte de arriba del pillama, me miró y me dijo:

- Papito, te quiero sacar los lentes...

Y, le contesté:

- No, porque si me los quitas no veo.

Se quedó pensando un momento y luego, con una sonrisa incrédula y nerviosa, me miró y me dijo:

- Hay... ¡Pero si tienes ojitos!

Efectivamente, tengo ojitos, pero lo que ella no logra imaginarse en este momento, es que mis ojitos no funcionan tan bien sin los lentes.

jueves, 11 de junio de 2009

La Ballena

Hasta hace un tiempo, el desayuno, almuerzo y/o comida, eran situaciones relativamente normales hasta hoy en que, obviamente, la Isi intenta comportarse como un adulto.

Por ejemplo, le gusta sentarse en silla de adulto (ya no en la silla de bebé), le gusta comer con los cubiertos, le gusta tomar jugo en vaso, etc. Pero, además de los temas "mecánicos" que está empezando a dominar, hay aspectos más formales de comer en una mesa que están en pleno proceso de fijación en sus neuronas. Por ejemplo, que no se debe comer con las manos, que hay que utilizar la servilleta y no limpiarse en la ropa, etc.

Así estábamos en la comida cuando la Isi comenzó a hablar con la boca llena. Después de un momento, obviamente, le dije:

- Isi, no se habla con la boca llena.

Y, me contestó, de la manera más natural:

- Así es Papito, no se habla con la boca llena... ¡porque te sale una ballena!

Por suerte, dejó de hablar con la boca llena y, mejor aún, no salió la ballena.

miércoles, 3 de junio de 2009

La Trenza del Desayuno

Estábamos tomando el desayuno como siempre, apurados, corriendo para poder dejar a la Isi, ordenar a la Antonia y llegar más o menos a la hora a la oficina. Nada muy especial, cereal con yoghurt para mantener y continuar con la dieta que estamos haciendo.

La Isi tiene un pelo liso, lindo, color castaño con algunos visos rubios. El único problema, es que es indomable y en la mañana amanece como si hubiera peleado toda la noche. Hoy, era uno de esos días en que la pelea de la noche había sido peor que otros y, sencillamente, su pelo tenía personalidad propia.

La Isi estaba comiendo su cereal y una y otra vez se le venía el pelo a la cara. Varias veces se lo sacó, pero volvía a molestarla. Comenzó a desesperarse, hasta que intenté ordenárselo un poco, lamentablemente, sin éxito. Volví a intentarlo hasta que me dijo:

- Papito, ¡Házme una trensa!

- Pucha, Isi, No se cómo hacerlas - le contesté.

Y miró inmediatamente a mi esposa y le dijo:

- Mamita... dile como, ¿ya?

Intenté ordernarle el pelo y me quedé pensando en lo fácil que serían algunas cosas en la vida si es que hubiera un mecanismo para transmitir conocimientos como la Isi esperaba me lo transmitiera mi esposa.