Después de una larga espera, desde ayer comenzaron nuestras vacaciones con destino a Colombia. Como debe ser, comenzamos las vacaciones con un viaje en avión con escala en Lima. Al final, dos tramos, el primero de 3,5 hrs y el segundo de 2,5 hrs. En el primer tramo, ninguna de mis hijas durmió nada... y, por suerte, en el segundo se durmieron las dos, lo que nos dió una posibilidad a mi esposa y a mi de dormir un poco. De igual forma, llegamos a Bogotá a las 03:00 AM del sábado, bastante cansados. Por suerte, nos estaban esperando en el aeropuerto la mamá de mi esposa con su marido, lo que hizo el trámite de llegar al destino final más eficiente. Llegamos y todos a dormir.
Mis hijas se despertaron como reloj a las 07:00, un poco más tarde de lo normal, y tomamos desayuno. El día transcurrió normal, tratando de aclimatarnos y ordenarnos un poco. Como siempre, la Isi se fue a dormir siesta como a las 14:00. Habitualmente, ella duerme bastante cuando duerme siesta por lo que, para ninguno, era un misterio que como resultado del viaje durmiera más de lo habitual. La Antonia, sin embargo, siguió con su ritmo habitual de dormir lo menos posible así que, su siesta, fue de sólo una hora.
Estábamos todos en el living conversando de todo un poco cuando, como a las 17:00, apareció la Isi en el living con su pañal, sus cachetes colorados y una sonrisa de oreja a oreja. Muy suelta de cuerpo exclamó delante de todos:
- Ya. ¡Terminé de dormir!
Aunque tres horas de siesta me parecen más que suficiente (creo que yo no logro dormir más de media hora de siesta hace meses), espero que la Isi se de cuenta rápidamente que, en general, placeres como dormir, comer, etc., que uno nunca termina de hacer, si no, más bien, deja de hacerlos y que, por lo tanto, no habiendo restricciones hay que aprovecharlos al máximo.
Por lo pronto, está felíz de estar con sus abuelos y tías y, además, con la noble misión de estresar al máximo a la nueva mascota de la casa... la gata Pruna.
Mis hijas se despertaron como reloj a las 07:00, un poco más tarde de lo normal, y tomamos desayuno. El día transcurrió normal, tratando de aclimatarnos y ordenarnos un poco. Como siempre, la Isi se fue a dormir siesta como a las 14:00. Habitualmente, ella duerme bastante cuando duerme siesta por lo que, para ninguno, era un misterio que como resultado del viaje durmiera más de lo habitual. La Antonia, sin embargo, siguió con su ritmo habitual de dormir lo menos posible así que, su siesta, fue de sólo una hora.
Estábamos todos en el living conversando de todo un poco cuando, como a las 17:00, apareció la Isi en el living con su pañal, sus cachetes colorados y una sonrisa de oreja a oreja. Muy suelta de cuerpo exclamó delante de todos:
- Ya. ¡Terminé de dormir!
Aunque tres horas de siesta me parecen más que suficiente (creo que yo no logro dormir más de media hora de siesta hace meses), espero que la Isi se de cuenta rápidamente que, en general, placeres como dormir, comer, etc., que uno nunca termina de hacer, si no, más bien, deja de hacerlos y que, por lo tanto, no habiendo restricciones hay que aprovecharlos al máximo.
Por lo pronto, está felíz de estar con sus abuelos y tías y, además, con la noble misión de estresar al máximo a la nueva mascota de la casa... la gata Pruna.
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