lunes, 10 de septiembre de 2012

La Secuencia de Cumpleaños

El otro día fuimos al cumpleaños de Max, el hijo de un amigo, que cumplía cuatro años. Como es habitual, la fiesta consistió en muchos niños corriendo por el jardín, subiéndose a la cama saltarina y, luego, siguiendo los juegos de las payasitas que habían contratado. Los juegos eran los típicos: guerra de almohadas, póngale los perros de la ropa al papá, póngale las bombillas a la mamá, llene el traje gigante del papá de globos inflados, etc.

Una vez que terminaron las actividades, llegó el momento de partir la torta. Mi amigo, muy orgulloso, trajo la torta de Cars, con una linda vela del número 4 en ella. Cuando se la puso al frente de Max y éste comenzó a alegarle. Yo estaba lejos por lo que no pude escuchar muy bien el alegato, pero, estuvieron un momento alegando por algo. Yo podía apreciar como Max apuntaba una y otra vez la vela. Al final, después de un rato, cantamos el cumpleaños feliz, Max apagó la vela y comenzó la repartija de la torta.

Me acerqué a mi amigo para preguntarle qué había pasado antes de que cantaran el cumpleaños feliz y, bueno, me contó.

El caso es que el día Jueves le celebraron el cumpleaños a Max en el colegio. En esa oportunidad, le cantaron el cumpleaños feliz y tuvo que apagar la vela de su torta: una linda vela con el número cuatro.

El domingo, es decir, hoy, cuando le contaron a Max que harían otra fiesta para celebrar su cumpleaños, su cerebro realizó la asociación inmediata: "si en la semana me celebraron mi cumpleaños número cuatro, entonces, hoy ya me toca celebrar mi cumpleaños número cinco".

Efectivamente, ese fue el alegato cuando le tocó apagar la vela:

¿Porqué había una vela número 4 en vez de una número 5?

Mi amigo me confesó después que fue una explicación dura. Yo, por mi lado, entiendo a Max.

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