lunes, 30 de marzo de 2009

Tengo Sed...

Como todas las noches, mi hija se acuesta entre las 20:00 y las 21:00. Casi siempre más cerca de las 21:00 (más aún ahora que los Backyardigans son de 20:30 a 21:00). En el último tiempo, este evento se ha hecho más y más complejo por el sin fin de artimañas que ha elaborado (mi hija) para mantenerse despierta unos minutitos más cada día. Desde el típico "Quiero estar con ustedes un (d)ratito!", hasta cosas más complejas como "No quiero estar sola con mi hermana" (hoy comparte pieza con su hermana de 7 meses) y/o "Tengo sed".

Para evitar esta secuencia interminable de excusas hemos intentado tomar una actitud firme y declararle, en todos los tonos posibles, que, una vez que se acuesta, no puede ni debe pedir nada y que debe concentrarse en "contar ovejitas". Viejo truco transmitido, en este caso, de la madre de mi esposa a mi esposa y de mi esposa a ella.

Aún así y con todas estas precacuciones, no siempre lo logramos. El otro día, por más que nos negamos a sus peticiones, fue obvio, después de un rato y necesario (sus gritos iban a despertar a la hermanita - cosa que no podíamos permitir) que tenía sed. Me pidió jugo dulce, es decir, jugo tal cual sale del envase, no diluído en agua, pero, a esas horas de la noche, el recorrido a la cocina no sólo se hace eterno, si no, además, impracticable. Así que le dije que sólo había agua y fui al baño (que queda más cerca), llené un vaso con poquita agua (1 cm, aproximadamente, porque estamos tratando de que deje el pañal) y se lo llevé.

Lo tomó rápidamente y comenzó a tomarse el agua. Cuando terminó, me miró y se puso a llorar nuevamente. Le pregúnte:

- ¿Pero dime qué te pasa? ¿porqué lloras?

Y me contestó, muy segura de sí misma:

- ¡Es que... es que... Yo tenía dos veces sed!

El mensaje fue claro y preciso. Fuí rápidamente a buscar otro poco de agua para satisfacer su sed.

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