Habitualmente le leo a las niñas un cuento en las noches antes de irse a dormir. Hoyno fue la excepción. Rápidamente nos pusimos de acuerdo a quién le tocaba elegir y la Isi eligió un cuento de la biblioteca. Nos sentamos en la cama de la Anto, la Anto a mi izquierda y la Isi a mi derecha.
Comencé a leer el cuento y cuando iba en la página cuatro, la Isi me interrumpió:
- Papi... ¿Puedo leer yo?
- Si claro... sigue tú - le contesté de inmediato.
La Isi tomó el libro y se ubicó al medio y comenzó a leer. Contrario a lo que yo esperaba, leyó perfecto las palabras, no muy rápido, pero si las pudo pronunciar perfectamente. Claro, ninguna de las puntuaciones las reconoció y leyó todas las palabras sin parar. Cuando iba en la página ocho, miré a la Anto para ver que estaba haciendo. Ella estaba muy atenta escuchando el cuento cuando se dio cuenta que la estaba mirando. Haciendo el gesto correspondiente a una reflexión profunda, me miró y me dijo:
- Si que aprendió a leer...
Efectivamente, yo opinaba lo mismo, sin embargo, me sorprendió el juicio de la Anto. Lo único que le faltó fue agregar que no se estaban perdiendo las luquitas del colegio.
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