Hoy nos fuimos de paseo con unos amigos fuera de Santiago. Ellos tienen un hijo poco mayor que la Isi y que, para hacer el viaje un poco más ameno, se quiso ir con nosotros. El se fue al medio, la Isi a su izquierda y la Anto a su derecha. Cada uno con sus cinturones de seguridad yen sus sillitas de seguridad. Adicionalmente, llevamos unos walkie-talkies lo que nos permitía comunicarnos con sus papás que iban en el otro auto.
El viaje salió de lo más tranquilo. Fuimos y volvimos sin problemas. Almorzamos en un restaurant en la carretera y paseamos un buen rato.
Mientras viajábamos, la conversación que tenían los tres en la parte de atrás del auto era sin tregua. Hablaban sin parar del colegio, de los juguetes, de lo que ibamos a comer, del clima, etc. Aunque le costaba un poco, la Anto hacía su mejor esfuerzo por integrarse y opinar de algunos temas.
En un momento de la conversación, el amigo de la Isi hizo la siguiente reflexión, respecto a un problema que estaban discutiendo.
- ...si, porque, la muerte no tiene solución...
La Isi se quedó pensando un momento y luego le dijo:
- ¡No! Eso no es verdad. La muerte si tiene solución. ¿Cómo Jesús se murió y luego resucitó?
Más allá de que efectivamente la metáfora de la Isi fue un buen contraejemplo de la afirmación de su amigo, lo más importante fue darnos cuenta que las clases de religión "optativas" del colegio de la Isi están dando frutos.
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