- No hacer nada y
- Comer sopaipillas pasadas
Al final de la tarde, preparé la chancaca como me enseñó mi mamá y puse las sopaipillas a hervir un buen rato de manera que, después que las niñas cenaron, nos comimos las sopaipillas de postre.
Me quedaron bastante buenas en realidad. Remojadas, con harto sabor y aroma. A las niñas les encantan y a mi esposa también, así que nos comimos varias.
Cuando estábamos en eso, le pregunté a las niñas si les habían gustado a lo que, obviamente, me respondieron que si y, luego, le pregunté a la Isi:
- ¿Qué nota me pones por las sopaipillas?
Se quedó pensando un momento y luego me contestó:
- ¡Una nota de carita felíz!
Claro, no es un siete, pero estoy convencido que en su escala de notas, la carita felíz es lo más alto así que quedé completamente satisfecho.
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