viernes, 2 de julio de 2010

El iPhone

Hace algunas semanas cambiaron los teléfonos en la oficina y, como resultado de esto, me dieron un iPhone 3G. Me hubiera gustado el 3GS, sin embargo, por razones de costo según me indicaron, no fue posible. Si no fuera por eso, hoy no estaría peleando con la versión 4.1 del OS que corre apenas y que no hay como volver atrás.

El aparatito es maravilloso, un juguete increíble, lástima que como teléfono no puedo decir lo mismo. El caso es que, obviamente, después de cargar todas las aplicaciones de productividad fundamentales (facebook, twitter, messenger, etc.) cargué algunos juegos para mis hijas. Al principio, fue un poco de todo pero, después, logré encontrar algunos que hicieron más sentido para ellas. Principalmente juegos de lógica, puzzles, etc., indicados para sus edades.

La Isi fue la primera en tener acceso a los juegos y rápidamente logró comprenderlos todos y disfrutarlos. No fue mucha sorpresa para mí, pero, de todas maneras me produjo mucha satisfacción ver lo rápido que se acostumbró a la nueva interfaz touch. Más aún considerando que su nula experencia en juegos de computador, consolas y esas cosas.

Grande fue mi sorpresa cuando, obviamente motivada por los celos, la Anto también quiso jugar con el aparatito. Los juegos en general eran demasiado complejos para ella, sin embargo, hubo uno que no sólo cautivo su atención si no que, además, le permitió demostrarnos a todos que tenía las capacidades de jugarlo.

El juego se llama ShapeBuilder (ver el sitio web) y básicamente es un juego de puzzles con la gracia que, cuando se completa, una voz explica lo que es con el apoyo de un sonido ad-hoc. Al principio, lo más complejo para ella fue entender los movimientos con el dedo. Hecho esto, siguió con el posicionamiento de las piezas por azar hasta que logró comprender y visualizar sus posiciones correctas, convirtiendo sus acciones en movimientos certeros de posicionamiento. Ahora, no sólo mueve y arma los puzzles con una destreza que me impresiona considerando su edad (soy el papá, lo se... pero no soy el único que opina que es sorprendente) sino que, ahora, ha incoporado un apoyo verbal al momento de mover cada pieza... el ya famoso A I de su léxico.

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