Ayer en la noche, fui con un amigo al casino. No soy precisamente un tahur, pero, disfruto mucho las veces que voy. Como no voy muy seguido, hay que aprovechar el viaje, por lo que, llegué muy tarde de regreso. Me acosté con el firme deseo de poder dormirme antes de que las niñas despertaran e hice mi mejor esfuerzo.
Como a las 06:45 de la mañana, vino la Isi a preguntarme si ya ibamos a despertar. Obviamente le indiqué que no, que estaba cansado y que iba a seguir durmiendo un rato. Abrió la ventana y me mostró que era de día y luego me dijo:
- Pero Papi… ¿cuanto falta para despertar?
No supe que decirle en realidad porque, en estricto rigor, no faltaba nada: ya había logrado el objetivo de despertarme.
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