Hoy fue un día raro en que todos anduvimos con algunos dolores de estómago y cosas por el estilo. En la tarde, la Anto nos avisó que iba al baño y, después de un rato, se puso a llorar.
Fui a verla y estaba sentada en la tasa y me pidió me quedara a su lado. Así lo hice e intenté calmarla con alguna frase para el bronce:
- Anto… no llores… no tienes porqué llorar. Mírame a mi. Yo también estoy enfermo y no he llorado en todo el día – le dije.
Se quedó pensando un momento mientras me miraba y después me contestó:
- Pero yo si puedo llorar… porque soy chiquitita.. y estoy enfermita…
No tuve mucho que argumentar después de una afirmación tan sólida, así que la acompañé hasta que terminó y nos fuimos a seguir con las cosas que estábamos haciendo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario