jueves, 8 de diciembre de 2011

Que Ternura

Hoy llegamos a Lima. Vinimos porque nos invitaron a un matrimonio en un pueblo que se llama Chimbote y que está hacia el norte. Para llegar allá, arrendamos un auto en el Aeropuerto. Gracias a mis viajes anteriores, no fue tan difícil ubicarnos para llegar al hotel. Llegamos al hotel, hicimos el check-in, dejamos las maletas y salimos a recorrer según era nuestro plan.

Dado que hoy es feriado porque se celebra el "Día de la Inmaculada Concepción", pudimos andar por la ciudad y, en particular, llegar al centro de Lima casi sin problemas. Es más, tuvimos la suerte de encontrar un estacionamiento una cuadra de la plaza de armas. Lo único malo fue el esfuerzo que tuve que hacer para estacionar nuestro precioso Kia Rio Gris, sin dirección hidráulica, en los espacios disponibles. Esta situación me hizo recordar el Lada que compraron mis papás en el año 1991 el cual, de similar manera, no tenía ningún tipo de asistencia en la dirección. Puro brazo.

Cuando salimos del estacionamiento, fuimos a la plaza de armas a caminar un rato. Yo no la conocía así que fue un descubrimiento para mí también. Muy parecida a las plazas de armas de otros países, está rodeada de edificios que habitualmente son importantes: la iglesia, el correo, el palacio de gobierno, etc. Como no conocíamos ninguno de los edificios decidimos acercarnos a la iglesia.

La iglesia no es muy grande. Es blanca y tiene una columna arriba de la entrada principal. Al costado izquierdo tiene un balcón de madera tallada que es realmente impresionante. Por alguna razón que desconocemos, ese sector estaba inhabilitado con unas cintas amarillas tipo CSI. Nos quedamos un momento admirando esto y tomando algunas fotos. Después de eso, seguimos recorriendo sin ningún rumbo específico.

En los escalones de la iglesia estaban unas personas regalando, según yo, un cachorro. Cuando lo vi, le indiqué a las niñas las que inmediatamente quisieron ir a saludarlo, tomarlo, abrazarlo, etc. Así estuvimos un rato con el cachorro hasta que los dueños comenzaron a ponerse un poco nerviosos. En ese momento, decidí que ya hora de seguir con nuestro camino. Así lo hicimos y después de un rato.

- ¿Qué les pareció el perrito? - les pregunté a las niñas.

- Muy tierno - contestó de inmediato la Antonia.

La Isi se agregó un momentito después:

- Si - dijo la Isi - es más tierno que una iglesia rezando por dios.

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