La Antonia todavía está chiquita y, por lo tanto, pocas veces tengo mucho que contar de ella aún. Claramente está en la etapa en que intenta comenzar a hacer cosas e interactuar con el resto del mundo. Con su único diente y su hablar lento, intenta comunicarse con todos a su alrededor. Le favorece enormemente en esto, que tiene una risa fácil y unas margaritas preciosas que se le marcan cuando se ríe.
En estos días, estamos haciendo un pequeño esfuerzo por ayudarla en la difícil tarea de comenzar a caminar. Un pasito a la vez, de la mano mía o de mi esposa, son ayudas infinitas y pequeños progresos. Ella, obviamente, quiere apurarse y en algunos momentos ya se siente que ha superado la etapa. Obviamente es un error, pero igual lo intenta.
Ayer, estábamos jugando a los bailes con ella y en algún momento logró dar dos pasos sin ayuda de nadie. Un gran logro en esta etapa que ella no es capaz de dimensionar. Invadidos de emoción, mi esposa y yo la aplaudimos de alegría. La Isi, también, no entendiendo muy bien porqué aplaudíamos.
La Antonia, al ver este espectáculo, obviamente se sonrió y nos hizo un viejito. Sin embargo, de la emoción, se puso a aplaudir también. ¿El problema? Lo hizo parada y, al aplaudir, se separó de todos los puntos de sustentación disponibles y quedó equilibrándose por un momento. Claramente, una sensación única para ella y, después de un momento, se dió cuenta de lo que estaba pasando y perdió el equilibrio. Puso una cara de susto como si de pronto el piso hubiera desaparecido de sus pies y comenzó a intentar agarrarse de cualquier cosa. Rápidamente mi esposa le tendió una mano y todo volvió a la normalidad.
Por lo pronto, un gran paso para ella y un pequeño paso para nosotros.
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