lunes, 27 de julio de 2009

El Aplauso

La Antonia todavía está chiquita y, por lo tanto, pocas veces tengo mucho que contar de ella aún. Claramente está en la etapa en que intenta comenzar a hacer cosas e interactuar con el resto del mundo. Con su único diente y su hablar lento, intenta comunicarse con todos a su alrededor. Le favorece enormemente en esto, que tiene una risa fácil y unas margaritas preciosas que se le marcan cuando se ríe.

En estos días, estamos haciendo un pequeño esfuerzo por ayudarla en la difícil tarea de comenzar a caminar. Un pasito a la vez, de la mano mía o de mi esposa, son ayudas infinitas y pequeños progresos. Ella, obviamente, quiere apurarse y en algunos momentos ya se siente que ha superado la etapa. Obviamente es un error, pero igual lo intenta.

Ayer, estábamos jugando a los bailes con ella y en algún momento logró dar dos pasos sin ayuda de nadie. Un gran logro en esta etapa que ella no es capaz de dimensionar. Invadidos de emoción, mi esposa y yo la aplaudimos de alegría. La Isi, también, no entendiendo muy bien porqué aplaudíamos.

La Antonia, al ver este espectáculo, obviamente se sonrió y nos hizo un viejito. Sin embargo, de la emoción, se puso a aplaudir también. ¿El problema? Lo hizo parada y, al aplaudir, se separó de todos los puntos de sustentación disponibles y quedó equilibrándose por un momento. Claramente, una sensación única para ella y, después de un momento, se dió cuenta de lo que estaba pasando y perdió el equilibrio. Puso una cara de susto como si de pronto el piso hubiera desaparecido de sus pies y comenzó a intentar agarrarse de cualquier cosa. Rápidamente mi esposa le tendió una mano y todo volvió a la normalidad.

Por lo pronto, un gran paso para ella y un pequeño paso para nosotros.

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