Hoy la Isi casi aplastó a la gata. Como resultado de esto (no es primera vez que pasa), le hice un llamado de atención para indicarle que lo que había hecho era un error y que debía cuidar a la gata como a una persona, es decir, quererla, cuidarla y protegerla.
Obviamente, no reaccionó bien y se puso a llorar desconsolada mientras agarraba a la gata y le pedía disculpas. Como no siempre se puede pedir disculpas a las cosas que uno hace, intenté hacer un comentario formativo:
- Isi... - le dije - no siempre se puede pedir disculpas cuando uno hace una cosa. ¿Imagínate que hubieras aplastado a la gata y la hubieras quebrado? Por ejemplo, cuando la Anto se quebró... yo ya no podía pedirle disculpas porque ya se había lastimado... ¿me entiendes?
Se quedó pensando un momento y luego agregó:
- Si... (entre lágrimas)... Si... es como cuando tú te fuiste a Brasil... buah... buah...!
Espero que haya entendido el concepto porque me dejó claro que, por más disculpas que le pidiera por haber viajado, no lograría hacer nada al respecto, es decir, la misma lección que estaba intentando darle.
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