En unos días más llega mi suegra de Colombia y, como suele suceder, es necesario hacerle la lista de encargos. Mi esposa tiene claros sus pedidos: arequipe de antaño con diversos sabores, café sello rojo y unas cajas de bocadillos veleños. Yo también tengo mi lista clara: almojábanas y burbujas jet.
Dado este escenario, mi esposa le preguntó a la Anto y a la Isi lo que querían que les trajera la abuela desde Colombia.
La Anto, casi sin pensarlo, indicó que quería un Kojak (su última obsesión) y chupetes. Como suele suceder cada vez que pronuncia esta palabra, agregó de inmediato:
- ¡Y yo todavía extraño mi chupete!
La Isi, mucho menos impulsiva y más racional, le dijo a mi esposa:
- Quiero que me digas todo lo que hay donde vive ella para elegir.
- Eso no se puede, ¿qué opinas que te traiga unos lentes para el agua? – agregó mi esposa de inmediato tratando de ofrecerle una alternativa atractiva.
La Isi se quedó pensando un momento y luego agregó, mostrando plenamente su disconformidad con la sugerencia:
- Si, bueno, ¡Pero que tengan rayos láser!
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