Ultimamente la Anto ha buscado una y mil excusas para no irse a dormir. Ayer, mientras estábamos en esta dinámica, la Anto nos dijo:
- Me duele la cabeza.
- ¿Adonde te duele? - le pregunté.
- Aquí - mientras con el dedo se apuntaba al medio de la frente.
Como suelo hacerlo siempre, me acerqué y le di un beso, absolutamente paternal, en la frente para que se sintiera mejor. Acto seguido, agregué:
- Listo. Con eso te vas a sentir mejor. Ahora anda a dormir para que te mejores realmente.
Me miró fijamente a los ojos y agregó inmediatamente:
- También me duele el dedo - un clásico ya entre sus excusas.
Le di un beso en el dedo y la mandé a dormir. Sólo espero que la "rutina de excusas" no siga aumentando porque si no, probablemente, partamos amables y terminemos enfermos más que ella.
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