Hace un buen tiempo que con mi esposa queríamos ir de Camping con las niñas. Por esas cosas de la vida, nunca logramos animarnos a hacerlo en el verano (como se supone debiera ser) y recién lo hicimos este fin de semana.
Honestamente, el plan "Camping" no era tan simple porque en realidad no teníamos nada a mano. Así que partí el sábado en la mañana al HomeCenter, a comprar una carpa que habíamos visto por casualidad el fin de semana anterior. La idea era comprar una barata para comenzar y en la medida que fuera un plan recurrente tal vez comprar una mejor. Luego fui a la casa de la hermana de mi esposa (Tina Ela) a buscar unos sacos de dormir y a la casa de mi mamá a buscar los otros sacos de dormir. Cuando regresé a mi casa, mi esposa ya tenía las cosas organizadas, es decir, todos los ingredientes y accesorios para la comida, la ropa de las niñas, juguetes y algunas frazadas para tirarnos en el pasto y taparnos.
El día anterior habíamos revisado los campings que estaban disponibles hacia el Cajón del Maipo en Internet. De la lista de campings que encotramos, uno quedó excluído de inmediato: La Cascada de las Animas. No voy a detallar porqué. De los que quedaron elegimos dos, así que el sábado en la mañana, antes de salir a comprar las cosas, hicimos las llamadas de rigor para confirmar que estuvieran disponibles. Uno de los campings no contestó y el otro sí. Así que, después de conseguir todos los implementos necesarios, cerca del medio día iniciamos nuestro camino hacia el camping "Parque Almendro".
El viaje fue relativamente normal, salvo que era mucho más lejos de lo que pensábamos. Llegamos al camping como a las tres de la tarde, pagamos nuestra entrada y bajamos a buscar nuestro sitio. A pesar de la época, nos llamó mucho la atención que había muchas personas acampando y otros, como nosotros, venían llegando también. Buscamos un lugar adecuado y nos instalamos.
Lo primero fue armar la carpa. Nada muy complejo salvo que el piso tenía una capa muy delgada de tierra y debajo había una superficie de piedra me imagino porque fue casi imposible clavar las estacas. Las niñas obviamente hicieron su mejor esfuerzo en ayudar con esta tarea, hasta que la Anto se golpeó un dedo con una piedra y se lo abrió. Inicialmente pensamos que hasta ahí había llegado nuestro viaje pero, por suerte, no pasó a mayores y la Anto se portó se la aguantó súper bien.
Con la carpa armada, obviamente vino el momento de hacer el reconocimiento del lugar. Fuimos a conocer el río, el resto del camping, la piscina que estaba cerrada (porque ya no era temporada) y los otros sitios. Como el camping está rodeado de montañas, apenas se escondió el sol comenzó a helar. Nos volvimos al sitio y preparamos nuestra primera comida y, después, hicimos lo más importante para las niñas: comer Marshmallows (Malvaviscos) tostados en el fuego. A mi en lo personal no me gustan y, para nuestra sorpresa, a las niñas tampoco les gustaron mucho.
Terminada la cena y apagado el fuego de la fogata, nos fuimos a dormir. Las niñas se pusieron sus piyamas y nosotros también y cada uno se metió en su saco. Al momento de acostarme me di cuenta del primer error en la ubicación de la carpa: los pies nos quedaron hacia arriba de la pequeña pendiente que tenía el terreno. Nada grave, pero si anoté que era necesario considerar eso para la próxima vez. Dejamos prendida una linterna y nos pusimos a dormir. Creo que tipo 21:00 ya estábamos durmiendo todos. Hasta aquí todo pintaba bien.
Como a las 0:30 de la noche, las niñas despertaron porque estaban muertas de frío. Y cuando digo muertas, lo digo en serio. Jamás pensamos ni consideramos el frío que iba a hacer esa noche. Por lo mismo y por la manera en que se había gestado nuestro plan, no puedo decir que los sacos de dormir eran "profesionales". No contesto con esto, todas, sin excepción, las carpas que estaban en nuestro entorno estaban de fiesta: música a todo volúmen y gente hablando (y tomando me imagino). No era el mejor escenario. Mi esposa le puso toda la ropa que pudo a las niñas y las abrigó con todas las frazadas que habíamos llevado. Nosotros nos pusimos algo más encima y apretamos los dientes para tratar de dormirnos nuevamente. No fue una tarea fácil. Entre el frío y la música, la situación estaba muy difícil. Al final, como nos pasó hace muchos años atrás, el anhelo más profundo era que amaneciera pronto.
Obviamente amaneció y con eso comenzó nuestro plan de retirada. A nuestro alrededor, obviamente no había nadie vivo: estában todos recuperándose de la batalla del día anterior. Tomamos desayuno, desarmamos la carpa y nos devolvimos a casa.
A pesar de la pésima noche que pasamos, fue una buena experiencia. Ahora sólo tenemos que conseguir unos buenos sacos de dormir para la próxima vez. ¿Alguna recomendación?
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