En Septiembre del año pasado, las profesoras del jardín decidieron pasar
a la Anto al salón de niños de 3 a 6 años, es decir, el salón grande.
La decisión nos pilló de sorpresa y, honestamente, nosotros no teníamos
ningún apuro en que esto ocurriera, sin embargo, las profesoras nos
indicaron que la Anto se estaba aburriendo en el salón de los chicos.
Considerando esto, lo único que hicimos fue apoyar la decisión y ayudar a
la Anto. Después del cambio, lo único que realmente cambió fue su
actitud cuando la iba a dejar. A diferencia de antes, cada vez se me
hacía más difícil dejarla en el salón. Una y otra vez se aferraba a mi,
me abrazaba, se escondía cuando llegábamos, etc. La única manera de
dejarla era con la ayuda de las profersoras que la abrazabana y la
distraían mientras yo me iba.
Por temas de calendario, el año escolar del jardín comenzó 3 días después que el de la Isi y, por lo tanto, la Anto se tuvo que quedar algunos días más en la casa mientras la Isi ya había comenzado a ir al colegio. La frustración en estos días de la Anto fue máxima, incluso, el primer día que se quedó en la casa, tuvimos que ponerle el uniforme del jardín para tranquilizarla un poco.
Pero hoy fue el gran día. Con su uniforme listo, salimos de la caminando de la casa para ir a su primer día. Después de correr para que la luna no nos siguiera, la Anto caminó agarrada de mi manó y conversó todo el camino hasta el jardín. Recogió sus "tomatitos" y, cosa que yo había olvidado, tuvimos que caminar a la piedra a tomarnos una foto y un video. En este camino, mi máxima preocupación era saber si la Anto se quedaría tranquila o no como lo hacía antes. Honestamente, después de lo que había pasado con la Isi, no estaba preparado para que sucediera lo mismo con ella.
Entramos al jardín temprano y nos dirigimos a su salón. Ella entró cautelosamente y buscó a sus profesoras. Las dos salieron y la recibieron con abrazos y alegría. Ella, sorprendentemente, las saludó felíz y las abrazó también. Me acerqué y le di un beso de despedida. Me dió un abrazo fuerte y se despidió de mi mientras comenzaba a conversar con sus profesoras. La misión fue todo un éxito y, hasta ahora, parece que ya se hizo la idea de ir al salón de los grandes. Espero que las cosas sigan así.
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