Las últimas semanas de vacaciones han sido bastante aburridas para las niñas ya que yo y mi esposa regresamos a trabajar y, por lo tanto, deben quedarse en la casa todo el día. No se muy bien si se debe a esto o no pero, la Isi, insistentemente nos pregunta una y otra vez, cuándo será el momento de regresar al colegio y, cada vez que le indicamos que faltan algunos días, se frustra un poco.
Hoy, después de una larga espera, llegó el dia de regresar al colegio. Mi esposa tuvo la preocupación de comprar todos los útiles, mochilas, uniformes, etc., requeridos para poder comenzar el año. Esta vez, me imagino que para marcar la diferencia con los años anteriores, el uniforme es de otro color y, además, para las niñas es falda salvo los días en que hacen gimnasia. En este proceso, la Isi estuvo muy involucrada y felíz ya que, creo yo, sentía que cada vez se acercaba más el gran momento de regresar.
Llegamos puntuales al colegio e ingresamos al salón para dejar a la Isi instalada. Todo era nuevo: el salón, la profesora, la ubicación en las mesas, etc. Mientras los niños corrían de un lado a otro, ubicamos la mesa de la Isi y la acompañamos a que dejara sus cosas. Luego de eso, nos quedamos un momento conversando con otros papás mientras la Isi se reencontraba con sus amigos. El desorden era total. Los papás entraban y salían del salón una y otra vez para hacer el ritual, al igual que nosotros, de comenzar el año.
Después de un rato, nos depedimos de la profesora nueva, de algunos papás amigos y, al final de la Isi. No sabemos muy bien qué fue lo que pasó, pero, la Isi cambió completamente su actitud y no quiso que nos fuéramos. Incluso, se puso a llorar un momento. Honestamente, esta situación no estaba dentro de ninguno de nuestros escenarios esperados y, obviamente, no estábamos preparados para ello. Intentamos una y otra vez explicarle a la Isi la situación, las razones por las cuales debíamos irnos, etc., e, incluso, que se diera cuenta que había llegado el momento que tanto había esperado de volver a clases. No hubo caso. Al final, y lamentablemente, la única manera fue que la profesora se hiciera cargo de la Isi y la abrazara mientras nosotros nos íbamos.
Mi esposa y yo salimos medio desconcertados de la sala y con el pecho apretado. No fuimos capaces de entender qué es lo que había pasado y, esperamos, no sea una señal de los tiempos que vienen. Espero que la Isi pronto se adapte al nuevo escenario y comience a disfrutar del colegio como lo hacía los años anteriores.
No hay comentarios:
Publicar un comentario