Ayer fuimos con las niñas fuera de santiago a ver unas parcelas. En un viaje de este tipo, las niñas pasan por todas las etapas: juegan juntas, después se pelean, después se aburren, después se quejan, después vuelven a jugar juntas, etc. Una y otra vez. A estas alturas ya no nos estresamos tanto como antes porque ya sabemos como se dan las cosas y, algunas veces, ya sabemos hasta cuál es el "antídoto".
En una parte del camino, la Isi y la Anto se pusieron a jugar a que eran profesoras. Para jugar a esto, básicamente, se turnan una y otra vez, tomando el rol de profesora cada una de ellas. La Isi, aprovechándose un poco de sus conocimientos más avanzados en matemáticas y del colegio en general, jugó haciéndole sólo preguntas de matemáticas.
- Anto... ¿Cuánto es dos más dos?... - preguntó la Isi.
- ¿Cuatro? - contestó la Anto.
- Bien. Muy bien. Está aprendiendo mucho en el colegio señorita - dijo la Isi jugando a ser la profesora - ¿Cuánto es ocho más cuatro?
- ¿Nueve? - contestó la Anto.
- Mal. Muy mal. Parece que no ha estudiado mucho señorita.
Así siguieron jugando un buen rato hasta que le tocó a la Anto. A esas alturas, sólo había logrado acertar a dos de las diez preguntas que le había hecho la Isi por lo que me imagino estaba bastante enojada con su rendimiento y con el juego.
- Bueno señorita... dígame... ¿Cuánto es mil más mil? - preguntó la Anto jugando a ser la profesora y, probablemente, buscando la pregunta más difícil para desquitarse.
- Dos mil - contestó la Isi de inmediato.
La Anto se quedó pensando un momento y consciente de que no había logrado su objetivo agregó:
- Ya... pero ahora cuenta hasta dos mil.
La Isi se rió y le preguntó si estaba loca...
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