jueves, 20 de agosto de 2009

La Mochila

Hoy, como casi todos los días, llevé a mi hija en moto al su jardín. Sólo es una cuadra y media pero, para ella, es como el rally Paris-Dakar. No me perdona el día en que no la puedo ir a dejar.

Mi moto es una scooter simple Yamaha JOG-100. Cuando nos vamos, ella va entre mis piernas, parada y agarrada de los espejos con sus guantes de Hello Kitty y, la mochila, va entre la moto y ella. A veces le pongo su casco pero reconozco que no es un hábito.

El camino es 1 cuadra por calle y media cuadra por la vereda sin muchos sobresaltos. Siempre me estaciono al lado de la puerta del jardín en un pedazo de tierra absolutamente desértico.

Hoy me estacioné y, al hacer esto, la mochila se cayó de la moto al suelo y qúedó cerca de la puerta. No porque fuéramos muy rápido, símplemente por la manera en que cayó. Contrario a lo que mi cererbo pensó en ese momento ("la mochila se cayó"), la Isi miró la situación e inmediatamente me dijo:

- Papito, papito, ¡la mochila se bajó sola!

No quise entrar en detalles y mucho menos reflexionar sobre el evento porque, en realidad, me gustó demasiado la manera en que percibió el "libre albedrío" de la mochila.

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