Desde hace unos días está la sobrina (mía) y la tía (de la Anto y de la Isi) Mimi. Vino a estar con nosotros un mes de vacaciones desde México. Para las niñas ha sido una revolución tenerla acá y, obviamente, un aspiracional el llegar a ser “grandes” como ella algún día. No tengo claro si ha podido descansar todo lo que se imaginó iba a poder, ya que las niñas la despiertan muy temprano para jugar con ella, preguntarle, invitarla, etc., pero, almargen de eso, ha sido una experiencia única para todos.
Yo tengo el recuerdo aún fresco de cuando la Mimi tenía tres años y la conocí, así que me cuesta verla ahora como la adolescente de decinueve años que es.
El caso es que estábamos en la cocina el otro día, cuando sonó el teléfono. Como yo no podía contestar, lo hizo la Mimi y, obviamente, lo hizo como se contesta el teléfono en México:
- ¿Bueno?
La reacción de la Isi, que estaba a un costado, fue inmediata:
- ¿Porqué dices “Bueno”? – preguntó con sorpresa, y luego agregó – Tienes que decir “Hola”
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