viernes, 10 de junio de 2011

Sanson

Hoy le leí el cuento de Sansón a la Isi. Me pidió se lo leyera antes de irse a dormir. La Anto, a esas alturas, ya estaba roncando así que se lo lei de manera personalizada.

Cuando llegamos al clímax del cuento, es decir, cuando Sansón descubrió que al no tener pelo, había perdido su fuerza, intenté hacerle alguna analogía a la Isi, para reforzar la situación.

- Era tan débil que no podía levantar ni una pluma – le dije.

Se quedó pensando y agregó después:

- Era tan débil que no podía levantar una mosca
- Era tan débil que no podía levantar una hormiga
- Era tan débil que no podía levantar ni un papel

Hasta que concluyó su secuencia de metáforas con la mejor de todas:

- ¡Era tan débil que no podía levantar ni los párpados!

Efectivamente, el parpadeo es un acto reflejo que no se controla racionalmente y mucho menos, creo, se puede medir la fuerza requerida para parpadear pero, a todas luces, parece un esfuerzo insignificante. Así que, efectivamente, si Sansón no podía ni siquiera parpadear, efectivamente había perdido toda su fuerza.

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