Siempre me ha gustado cocinar y, ahora que soy papá, mucho más porque me permite hacerlo con mis hijas. Las recetas que hacemos son habitualmente, una mezcla de libros, internet y recuerdos de mi infancia en algunos casos. La especialidad mia son los postres, osea, es lo que más me gusta cocinar. Todavía recuerdo el día en que nació la Anto en que cocinamos unas galletas con la Isi y mi suegra para matar el rato.
Esta vez, quise sorprenderlas con una receta que hacía la mamá de mi mejor amigo del colegio, esto es, gelatina en cubitos. El secreto para lograr esto es que la gelatina esté más dura de lo normal.
Así que, manos a la obra, nos propusimos hacer la gelatina. Obviamente, mientras me ayudaban las niñas, yo trataba de manter el misterio.
- Papá.. Papá... ¿Pero qué vas a hacer? - me preguntaban sin parar.
- Una sorpresa... me tienen que ayudar para que la gelatina quede bien preparada - contestaba yo sin dar ninguna pista.
- ¿Vamos a hacer una gelatina? - preguntaba la Anto sin mucha emoción
- Si - repliqué - pero es una gelatina especial.
Logré superar esta etapa y mantener el misterio con ellas hasta que metimos la gelatina al refrigerador.
En la tarde, una vez que la gelatina había cuajado, la corté, seguido atentamente por las niñas y, luego, desmoldé los cubitos en un molde. Preciosos se veían los cubitos de gelatina. Me sentía orgulloso de mi creación.
- ¡Esto se llama gelatina en cubitos! ¿Qué les parece? - les pregunté con satisfacción.
- Es igual a lo que hacíamos en mi jardín - contestó la Anto sin ningún tipo de anestesia.
A pesar de mi frustración, el postre fue cubitos con yoghurt y les encantó. Creo que tendré que seguir buscando más recetas para sorprenderlas.
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