Después de cenar, nos quedamos un rato haciendo sobremesa con las niñas. Comenzamos a hablar de diversas cosas y, no tengo claro porqué, nos pusimos a hablar en un tono muy bajo, casi como contando historias y que no quisiéramos despertar a nadie.
De pronto, la Anto, nos hizo clara la situación:
- Oye... ¿Porqué estamos susurrando?
Nadie supo responder así que, después del llamado de atención, volvimos a hablar en el tono correcto.
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