Hoy en la mañana me compré unas galletas Oreo Cakesters que estaban en promoción 2x1. Si no las has probado aún, creo que es urgente y necesario que vayas de inmediato a comprar un paquete y las pruebas. Si las Oreo normales son ricas, las Cakesters son simplemente increíbles. El caso es que, como me llevé los paquetes a la oficina, en la tarde, decidí llevarme un paquete a la casa de regalo para las niñas. Otra gracia de estas galletas es que vienen en paquetes individuales de dos galletas lo que las hace más manejables y más entretenidas (nada como abrir un paquete detrás de otro sin parar, je, je).
Cuando llegué a la casa y, con el objeto de hacer algo distinto, les conté la siguiente historia a las niñas.
“Imagínense que cuando venía para acá, se me cruzó un duende. Un duende pequeñito, como de 50 centímetros. Se paró delante mío y me preguntó hacia dónde iba. Le dije que venía a mi casa y me preguntó quién estaba en la casa. Le dije que estaban mis hijas, las niñas más lindas del mundo, mi esposa y la nana. El duende me miró y me preguntó si mis hijas se portaban bien. Le dije que si, que se portaban mejor que todas las niñas del mundo. Entonces, el duende, sin pensarlo me dio un regalo y me dijo se lo diera a mis niñas cuando llegara”
A esa altura, la Anto y la Isi saltaban de alegría y comenzaron a buscar en mis bolsillos el regalo. Abrí mi mochila y saqué el paquete. La Isi saltaba para tratar de quitármelo de la mano y la Anto corría en círculos gritando. Abrí el paquete y le di una galleta a cada una. Se las comenzaron a comer felices hasta que la Anto me preguntó:
- ¿Y de qué color era el duende?
- No sé – le dije y luego agregué – ¡Pero se me olvidó preguntarle al duende cómo se llamaba!
La Isi que andaba saltando y comiéndose la galleta un poco más lejos escuchó esto y aclaró de inmediato, en tono burlón, tirando por tierra toda mi puesta en escena:
- Fácil… ¡El duende se llamaba Aliosha Bertini!
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