Anoche la Anto pasó una noche pésima por una tos que está incubando. Hace mucho tiempo que no le pasaba y me alegro mucho por eso, sin embargo, es un poco desesperante cuando no para de toser en toda la noche.
Hoy, cuando llegué del trabajo, salió corriendo a saludarme y, obviamente, le pregunté:
- ¿Cómo te has sentido hoy? ¿Ya estás bien? ¿No has tenido tos?
Me miró y me contestó de inmediato:
- No. Ya no tengo tos. Mira.
Y se quedó parada al lado mío, con la boquita cerrada y mirándome con los ojitos cerrados para que yo me diera cuenta que ya no tenía tos. Mi felicidad fue inmediata. Lamentablemente, en la noche no paró de toser nuevamente. Parece que el examen lo tendré que hacer más profundo la próxima vez.
No hay comentarios:
Publicar un comentario