Hoy en la mañana mientras vestía a la Anto, descubrí que tenía una pequeña irritación en el dedo chico del pie. Obviamente, lo primero que pensé es que era un hongo, así que le eché un poco de crema. Luego le puse el calcetín, la terminé de vestir y le dije que se fuera a tomar desayuno con la Isi que ya se había vestido hace rato. Como siempre, se fue alegando respecto a lo que ella quería tomar de desayuno, pan con manjar, huevo, culut, etc.
Después de un momento llegué yo a acompañarlas mientras tomaban desayuno. Cuando me senté, escuché como la Anto le estaba contando a la Isi sobre la crema que le había puesto hacía un momento atrás, casi como si fuera un trofeo, una herida de guerra.
- Yo tengo una yaya – dijo la Anto
- ¿Adónde? – preguntó la Isi
- Tengo un hongo y una yaya en el dedo del pié
La Isi se quedó pensando un momento, probablemente molesta por la manera en que la Anto le enrostraba su herida de guerra. Un momento después le contestó:
- Ah, bueno, pero no puedes tener dos cosas… o tienes una yaya o un hongo….
Claramente, un argumento sólido para reflejar la impotencia de la situación.
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