Hoy fue un día especial. Muy especial. Después de casi un mes, hoy le quitaron el yeso a la Antonia y, en términos generales, pensé que todo iba a ser más fácil.
Como le pusieron un yeso plástico la remoción fue un problema ya que tuvieron que usar una mini sierra para cortarlo. Debo admitir que la enfermera que hizo la operación, tenía mucha experiencia y/o mucha delicadeza porque casi me muero cuando comenzó a utilizar la máquina para cortar el yeso. Me imaginé una y mil veces que en cualquier momento le producía algún corte a la Antonia. Por suerte esto no fue así. Pero si yo estaba asustado, la Antonia estaba aún más. No paró de llorar desde el momento que comenzó la operación hasta que le sacaron el yeso y esto, en total, fueron como 20 minutos. Pobrecita como lloró.
Cuando le sacaron el yeso, tuvimos que ir a que le sacaran una radiografía de control para determinar que la recuperació había sido exitosa. Nos fuimos corriendo ya que el doctor nos estaba esperando. La radiografía, también, le produjo terror a la Antonia. Diferente a como había sido en otras oportunidades, costó mucho sacarle la radiografía ya que no se quedaba tranquila y no paraba de llorar (nuevamente). Por suerte, los dos intentos salieron bien y pudimos regresar donde el doctor.
Regresamos al piso de Traumatología y esperamos al doctor. Después de un momento, nos recibió y pudo revisar las imágenes (es moderna la clínica, por lo que las imágenes se las envían "por sistema"). Su diagnóstico fue claro y preciso: la fractura había soldado perfecto y, por lo tanto, no era necesario realizar nada más. El doctor pasó a la Antonia a la camilla y le revisó su tobillo. La apretó, movió, acomodó y, con esto, terminó de confirmar que todo estaba bien.
Pero faltaba la prueba final: caminar. El doctor la puso en el piso, la tomó de las dos manos y la estimuló a que caminara. Para mi sorpresa (y tristeza), claramente la Antonia no pudo ni se atrevió a apoyar el pie por lo que se cayó al suelo. El doctor la tenía tomada así que no fue un golpe fuerte, pero, para mí, fue un golpe muy duro. De todas las cosas que me había imaginado podían pasar, no se me había pasado por la cabeza que no pudiera caminar de inmediato.
Frente a esto, le preguntamos al doctor cómo debíamos seguir y si era necesario realizar algún tipo de tratamiento kinesiológico. Nos indicó que no y nos dijo que, de a poco, iba a retomar su vida normal.
Así que nos fuimos a la casa a dejarla y a continuar con nuestras rutinas con la imágen de ella sin poder caminar repitiéndose en mi cabeza una y otra vez.
Por suerte mi esposa me invitó un rico café con torta de chocolate después de esto, lo que nos permitió, por un rato, pensar en otra cosa y distraernos. Ya veremos como sigue esto y cuánto se demora la Antonia en volver a su estado normal.
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