Aprovechando que se acerca el verano, hoy compramos humitas para el almuerzo. Las calentamos en una olla, como debe ser, y le ofrecimos a las niñas de almuerzo. Su reacción fue de asco por lo que nos pidieron almorzar otra cosa. Por ser domingo, no quisimos forzar ningún escenario formador, razón por la cual mi esposa les preparó unos ravioles con una salsa de atún (exquisitos de todas maneras).
Cuando almorzábamos, nosotros nuestras humitas y las niñas sus ravioles, la Anto, que probablemente se sentía medio culpable de no haber comido humitas nos dijo:
- !Cuando sea mamá me van a gustar las humitas!
Además de comerse los ravioles, probablemente, su cabecita no dejaba de darle vueltas a su nueva promesa.
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