Hoy me tocó ir a buscar a mis hijas a la casa de su abuela. Ya están de vacaciones así que hemos tenido que buscar una y mil estrategias para que no estén en la casa todo el día. No tengo claro porqué, pero el caso es que cuando veníamos de regreso a la casa, la Anto estaba insoportable. No hacía caso en nada, no se quería poner cinturón, una y otra vez se paraba en su silla, etc. Yo, aún cuando trato de evitar al máximo desquitarme con ellas, no aguanté más comencé a tratar de ponerle los pies en la tierra:
- Anto... Por favor... quédate tranquila...
La Anto, siguiendo con su estado de ánimo, siguió molestando una y otra vez hasta que la Isi también comenzó a perder la paciencia.
- Anto, por favor, ¿Tú crees que eres la única que molesta? - le dije nuevamente intentando poner un poco de calma a la situación. Se quedó pensando un momento y luego me contestó:
- No. ¡La Isi tambien molesta!
Claramente, una confidencia innecesaria en ese momento.
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